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Artistas plásticos hondureños del siglo XX que marcaron escuela

Cuando se habla de arte hondureño del siglo XX, casi siempre aparecen los mismos nombres. José Antonio Velásquez, Pablo Zelaya Sierra, Miguel Ángel Ruiz Matute. Sin embargo, hubo otra generación importante. La Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) se fundó en 1940 en Comayagüela. Ahí se formaron pintores y pintoras que también dejaron huella. Su historia se cuenta menos. Estos son algunos de esos nombres.

Ricardo Aguilar, el precursor del expresionismo abstracto

Ricardo Aguilar nació en 1915. Fue uno de los primeros estudiantes de la ENBA. Ahí coincidió con compañeros como Álvaro Canales. Comenzó pintando bodegones y paisajes de estilo impresionista. Pronto evolucionó hacia el expresionismo. Después llegó al arte abstracto y geométrico. Su obra más reconocida se llama «Ritmo del Color». Con ella se convirtió en el precursor del expresionismo abstracto en Honduras. Esto ocurrió en una época donde predominaba el realismo. En 1951 participó en la Primera Bienal Iberoamericana de Arte en Madrid. Lo invitó la Embajada de España. Aguilar falleció ese mismo año, a los 36 años. Su legado fue tan importante que en 2004 se le dedicó la XV Antología de las Artes Plásticas de Honduras.

Nury Reina de Toffe, una de las primeras pintoras del país

Nacida en Tegucigalpa en 1928, Nury Reina de Toffe fue una de las primeras mujeres en graduarse de la ENBA. A diferencia de otros artistas de su generación, no comercializó su obra: la mayoría de sus pinturas permanecen en colecciones privadas de familiares y compañeros pintores. Además, se desempeñó como profesora de arte en la Escuela Americana e incursionó en el teatro junto a su esposo, el actor español Santiago Fernández Toffe. Su historia es, por eso, un recordatorio de que no toda huella artística se mide en exposiciones o ventas.

Virgilio Guardiola y Luis Hernán Padilla, la generación que llevó el arte catracho más allá de las fronteras

Virgilio Guardiola, nacido en Comayagüela en 1947, ganó el Premio Nacional de Arte Pablo Zelaya Sierra en 1992 y llevó su formación hasta Barcelona, donde vivió varios años junto a otros pintores hondureños de su generación. Por su parte, Luis Hernán Padilla, originario de La Caridad y nacido también en 1947, se especializó en acrílicos y óleos, y acumuló premios del Banco Central de Honduras, el Banco Atlántida y la Cervecería Hondureña a lo largo de los años 70 y 80. Asimismo, su obra llegó a exhibirse en países como Suiza y Estados Unidos, llevando el nombre de Honduras a escenarios internacionales.

Un legado que sigue vivo

Estos artistas, junto a muchos otros formados en la ENBA, construyeron las bases sobre las que después se asentaría el arte hondureño contemporáneo. Conocer sus historias es, en consecuencia, una forma de valorar el talento catracho que no siempre ocupa los libros de texto, pero que sigue presente en museos, galerías y colecciones de todo el país.

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