Teresita Fortin




Nació en Yuscarán a finales del siglo XIX, en un hogar típicamente burgués. Entre sus ascendientes figuraban nucloeos de criollos mineros emparentados con poderosas familias que se consideraban fundadores del poblado mexicano de Fortín de las Flores y que se enorgullecían del origen francés de su procedencia de la oligarquía minera y comercial.

Como mujer enfrentó los conflictos que se derivaban de su condicón de tal, en una sociedad donde aún no se admitía la formación femenina, y en el marco de una clase social donde la educación se entendía como adorno necesario, dado el momento de una oportuna alianza matrimonial. En los años 20 conoce al maestro italiano Alessandro del Vecchio, que había sido traído para la restauración de la Iglesia Catedral de Tegucigalpa por el entonces Arzobispo Agustín Hombach. Del Vecchio desrubre el talento del dibujo y el color que tiene la niña y la convierte en su ayudante personal, lo que fue el detonante interno que la llevó al arte. Años más tarde retorna al país el pintor Pablo Zelaya Sierra, quien la forma académicamente.

En 1976 sorprendió al público de la capital de la República cuando presenta con el patrocinio de Editorial Nuevo Continente una gran muestra captaba, a la manera de Proust, todos aquellos momentos que ella consideraba relevantes en su trayectoria vital. Cada una era un testimonio no sólo de su vida personal sino también del acontecer de la vida de la mujer en una sociedad que por represiva y conductualista inhibía el vitalismo natural.

Pinturas

La Primera Comunion.