Arturo Luna

Pintores de Honduras - Arturo Luna

Figuras

Nacido en Santa Rita de Copán–de cuya influencia jamás se liberó–fabulando sobre esa área vecina a la Acrópolis Maya en donde conoció las oropéndolas salvajes que pintó y donde el “arbol de la vida” persistió en su mente artística hasta el momento en que rindió su paleta, el nueve de Marzo de 1979.

Era interesante oír como hablaba Luna del dibujo y del color y escucharle contar cómo se definió por la cerámica, dedicación que él sentía que le separaba de su generación y que en ciertos momentos de debilidad duraba que fuera la suya verdaderamente valedera. En esos momentos en la Escuela se encontraba el profesor Kenneth Smith, quien fue el que envió a Arturo Machado a seguir un curso de alfarería en Estados Unidos. El propósito era mejorar tecnológicamente la industria alfarera nacional. En esos días unos parten para México y otros para España e Italia.

Luna no quería quedarse sólo en la Escuela de Bellas Artes y aprovechó una beca del gobierno italianopara hacer cerámica en la ciudad de Faenza, la urbe etrusca de la Romanna italiana. En esa cuidad desbocó su pasión artística, vio con claridad la diferencia la diferencia de la cerámica comercial de alta calidad que se hacía en Imola y la cerámica artística que se realizaba en Faenza, como resultante de un programa integrado de planificación cultural.

Su retorno al país es en la década de los sesenta, cuando ejerce como maestro en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Fue una década fructífera pues se reintegra con una generación que retornó de Europa, entre los que encuentran Oquelí, Carías Zapata, Luis Baires, Los Castillo (Mario e Isabel). Arturo Luna ensayó en esa época sus dotes para caratulista, contribuyó en la elaboración de afiches para obras de teatro y fundó con Arturo Machado, el taller de cerámica “Lumar”, que se convirtió en sitio obligado no sólo de trabajo sino de departimiento y tertulia. El taller decayó porque se dejó arrastrar por el público consumidor que prefería las réplicas precolombinas y los jarrones decorados con motivos mayoides, lo que hizo que los malidicentes amigos hablaran de un Luna “cenicerismo”, eminentemente comercial, ya que en esa época también trabajaba el esmalte sobre cobre.

El estado hondureño nunca le honró con el Premio Nacional “Pablo Zelaya Sierra”, a pesar de haber sido presentada su candidatura con reiteración, lo que fue una de sus ambiones frustradas. Paralelo a su labor de ceramista pintó cerca de quince cuadros en materiales mixtos, de la misma manera que realizó unos cinco proyectos para murales, los que nunca se ejecutaron pero con los cuales demuestra que no estaba fuera de su generación que con sus inseparables amigos: Ruiz, Lazzaroni, Aguilar y Becerra también él era un pintor.

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