Alejo Lara




Alejo Lara

Después de Fifi

Nació en Tegucigalpa el 11 de enero de 1932. Es hijo de Alfredo Lara Lardizábal y Aída López Callejas de Lara. A su madre le gustaba pintar objetos del hogar con tonos fuertes, y un tio suyo pintaba retratos de excelente factura.

Comenzó sus estudios elementales en el kinder Federico Froebel que dirigía en Tegucigalpa la notable educadora Paquita Lardizábal. Alejo estima que es en esta etapa cuando sus naturales inclinaciones artística se despertaron de una manera viva, pues a él le gustaba entonces modelar figuras de cera, las que su educadora aplaudía con gran entusiasmo y la mostraba a otras personas. También hacía pequeños dibujos dentro de las clases del kinder, los que, como las anteriores, eran premiados con aplausos por su maestra.

Concluida la secundaria, Alejo sigue estudios de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma. Después cursa Anestesiología en Estados Unidos, Suiza e Inglaterra. Estas oportunidades las apr4evecha Alejo para visitar museos de arte y frecuentar exposiciones de pintura, aunque siempre por satisfacción personal, no porque pensara convertirse él mismo en artista. En 1970 organizó en su casa un taller de artesanía y pintura, ayudado por un hábil maestro, el señor Juan Angel Hernández, sin abandonar, naturalmente, su profesión de médico. En aquel taller se hacían candeladros decorados con lamina de oro, flores de cobre, cerámica estilo maya y cuadros al óleo.

Los primeros cuadros de Alejo Lara fueron bodegones y paisajes. Sin embargo, él se dio cuenta de que tales temas no le ofrecían mucho campo a sus aspiraciones. Por ello comenzó a pintar animales en movimiento dentro de un estilo neorrealistal. Las palomas en vuelo fueron sus preferidas como tema central a partir de 1976, según puede verse en sus cuadros de ese año “Pia Alfonsina” y “Palomas Doradas”. Asimismo, desde 1976 hasta 1987, cada mes de diciembre Alejo pintó un gallo blanco en actitud de pelea, el cual entregaba a los coleccionistas el primero de enero.

El neorrealismo de Alejo no sigue una linea rígida, unívoca. Al contrario, se multiplica según los temas adoptados por el artista. En sus palomas y gallos adopta una forma esquemática desarrollada en colores suaves. En cambio, cuando pinta figuras humanas y flores el estilo de Alejo se vuelve retórico. Toda esta variedad le da al conjunto de su obra un gran interés.

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