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Cuentos y leyendas hondureñas por J. Montenegro, VOLUMEN II
Finding Trinity

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Al leer el prólogo de Cuentos y Leyendas de Honduras, Volumen II por Jorge Montenegro (Litografía López, S. de R.L.; Tegucigalpa, Honduras; 2005) me percate que este ya había sido publicado en 1972. Treinta años después se le presenta una nueva oportunidad de publicar más narrativas sobre su programa radial. Los nuevos cuentos ha imprimirse pasan a ser parte del volumen uno y los algunos escritos a narrase se ubicaron en el tomo dos de la nueva re-edición.

Además de re-imprimirse los ya publicados, Montenegro modifica varios relatos con la certeza de que servirán de estudios en universidades y colegios del país. Definitivamente hay diferencia entre ambos volúmenes. Los escritos del segundo tomo presentan madurez. Al mismo tiempo de mejorar su redacción, incluye moraleja en algunos de sus cuentos. Las enseñazas que quiere transmitir Montenegro, como son daños causados por la ira, chisme, etc, se los deja al lector para determinarse por sí mismos.

Como ocurrió en los cuentos y leyendas del primer volumen (http://honduras.com/catracho-forum/viewtopic.php?t=8765), la nueva oleada de escritos del tomo 2 también incluirá fotografías de objetos y escenas de la vida diaria hondureña.

SAP

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La hija de la perra
Finding Trinity

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La hija de la perra



MADE IN... ¿dónde? Definitivamente la necesidad es la madre del ingenio. Propietario de esta bicicleta le ha hecho mil y una composturas para mantearla en buen uso, desde canibalismo de otras bicis hasta sus propios remiendos. Fotografía tomada en Choluteca 2006.

En el pueblo de nuestra historia, un apuesto joven y una muchacha encantadora del lugar, se enamoraron locamente, luego con el tiempo se casaron. Con el matrimonio se iniciaron los problemas, pues la esposa no cedió desde el primer momento a las exigencias amorosas que en la vida íntima le hacía su esposo, movida quizás por la falta de orientación de sus padres en lo concierne a las relaciones sexuales. La vida se fue agudizando en aquel matrimonio porque la muchacha no cedía en ningún momento a pesar de las caricias y ternura que le prodigaba el esposo anhelante y desesperado. Transcurría el tiempo y el valiéndose de los ardides masculinos fracasaba en sus intentos. La invitaba al lugar donde trabajaba pero aún fuera de la casa siempre se negaba a las insinuaciones amorosas de su marido. El muchacho tenía una perra, que fiel como su amo lo acompañaba por todas partes, en las mañanas, las tardes y las noches. Un día impulsado por la necesidad biológica, en una acto desesperado, tuvo relaciones sexuales con la perra. Transcurrió el tiempo y el mozo siguió practicando las relaciones contranaturales. Pasaron los meses y a pesar de la anormalidad de los sucesos y de la intranquilidad hogareña los jóvenes esposos seguían amándose a su manera. Una tarde mientras la pareja paseaba por el campo, la madre del muchacho que estaba ocupada en la cocina, escuchó con sorpresa que debajo de la cama de los jóvenes esposos lloraba un niño. El estupor llenó el corazón de la noble anciana, cuando vio que la perra envolvía con una de sus patas a una recién nacida, lamiéndola y arrullándola mimosamente. La buena señora después del susto cubrió la niña con una sabana blanca y la depositó en la cama que se encontraba vacía. Cuando llegó la pareja sin salir aún de su sorpresa la anciana les contó lo ocurrido.

–¡Casi me muero cuando vi que la perra había parido esa niña!

–¡No puedo explicarme ese fenómeno!

El muchacho agobiado por el peso de las circunstancias bajó la cabeza avergonzado. Sin decir nada encaminó sus pasos hacia la iglesia del pueblo para confesar su culpa. El sacerdote al escuchar la extraña confesión manifestó: “Hijo mío, grande es tu pecado, ve a tu casa y trae a tu esposa que tengo algo que decirle”. Al compadecer la muchacha ante el sacerdote, éste la contemplo detenidamente y con el rostro severamente contraído dijo: “Mujer, tú tienes que cargar con parte de esta terrible culpa, porque esto ha sucedido al no complacer los deseos legítimos de tu esposo. Esto es un castigo divino... ahí está la criatura... ¡llévatela! Es tuya y tienes que quererla y cuidarla como si fuera fruto de tus entrañas”.

Pasaron los años, los verdes parajes seguían mostrando opulencia natural y las campiñas se revestían de singular policromía. Nada parecía recordar el extraño suceso que llenó de consternación a los personajes de nuestra historia. La niña se convirtió en una hermosa mujer, con la belleza sumisa y agreste de la hembra del campo.

Muchos hombres la enamoraban insistentemente, pero ella ya tenía novio, al que amaba profundamente y con el pronto se casaría.

Cierto día un joven campesino se encaminaba hacia la casa de su novia para visitarla tal como acostumbraba. Una vecina dada al chisme y acostumbrada a meterse en lo que no le importaba, lo llamó:

–Hijo, vení acá.

–¿Qué desea doña?

–Solo quiero preguntarte una cosa.

–Pregunte pues.

–¿Es cierto que te vas a casar con aquella muchacha bonita que vive en la otra casa?

–Sí, es cierto.

–Pues te aconsejo que no lo hagas.

–¿Porqué?

La mujer tardó intencionalmente en proporcionar la respuesta al apuesto joven, y luego le destiló el veneno.

–¡Porque esa muchacha es HIJA DE UNA PERRA!

El joven presa del furor asió fuertemente a la vieja disponiéndose a castigar a quien ofendía en forma tan grosera a su prometida, pero la perversa mujer sin perder la calma gritó:

–Suéltame ignorante. Si no crees lo que te digo te lo voy a demostrar.

El mozo trastornado y sin poder ordenar sus ideas se sumió en un largo silencio. La vieja lo observaba con calma, saboreando de antemano los acontecimientos que llegarían. El campesino pidió a la vieja que le demostrara lo que aseveraba con sus palabras.

–Nada más fácil. Espera a que llegue la noche y espía por la cerradura del cuarto de tu amada ¡y vaya que te convencerás!

Así hizo, atisbó por la cerradura observando atentamente los movimientos de la muchacha que se preparaba para acostarse, la belleza imponente de la virgen expuso a la vista penetrante del muchacho, al caer, del cuerpo femenino las ropas que cubrían su cuerpo de diosa. Poco después y ante el asombro del hombre, ella dio varias vueltas antes de acostarse plácidamente en el fresco petate de su cama. No había duda, su novia tenía las misma costumbres de los perros de dar vuelta antes de acostarse, las lágrimas lo traicionaron y abandonó el lugar precipitadamente. Así pasaron los días y ella llena de inquietud notaba la ausencia de su prometido. Extrañaba por aquella conducta decidió escribirle exigiéndole una explicación por haber suspendido sus visitas intempestivamente. La respuesta no se hizo esperar. “Creí esta enamorado de ti, pero mi amor no llega a tal grado de casarme con un ser irracional ya que me dí cuenta por mis propios ojos que tu eres una perra”. El golpe emocional fue tremendo, la agarró por sorpresa y desde aquella fecha su vida fue de sufrimiento. El mal de la tristeza, el llanto y el profundo dolor de un frustrado amor produjeron en la bella joven una prolongada enfermedad que culminó en agonía, y con ella una muerte lenta. Antes de morir la buena muchacha que sólo irradió bondad durante su vida, viendo la proximidad de la muerte dijo a sus afligidos padres:

–Concédanme un deseo... mi último deseo... quiero que lleven mi cadáver a la iglesia para que allí me velen; quiero que la vecina de enfrente sea la única persona que acompañe mi cuerpo... las puertas deben de estar cerradas... eso es todo.

Y diciendo estas palabras expiró. En las primeras horas de la noche la trasladaron a la pequeña iglesia del pueblo y su acongojado padre se dirigió a la casa de su vecina, convenciéndola para que acompañara el cadáver de su hija, pero la vieja solo se dejó convencer cuando le ofrecieron una fuerte suma de dinero para que desempeñara tan misterioso acto. La malvada mujer sintió que el temor la asaltaba, pero el interés del dinero la obligó a dirigirse a la iglesia. Cuando quedó junto al cadáver las puertas de la iglesia se cerraron a su espalda produciendo un sonido seco, lejano, como si viniera de otro mundo.

Pasaron las horas, el silencio era interrumpido por el silbido del viento que penetraba en el recinto sagrado moviendo suavemente las pequeñas llamas que coronaban siniestramente las candelas que rodeaban el ataúd de la muerta. Doce campanas se dejaron escuchar haciendo vibrar la iglesia, eran las doce de la noche.

Poco después la puerta principal de la pequeña iglesia se abrió, dando paso a una monja que sin detenerse se dirigió al féretro, se arrodilló ante la muerta y luego se dirigió a la sacristía. Pocos minutos después apareció un sacerdote que hizo reverencia ante el ataúd desapareciendo en igual manera que la monja. Nuevamente se escucharon unos pasos firmes y por la puerta principal apareció un obispo, llego hasta donde estaba el cuerpo inerte de la muerta, hizo lo mismo que la monja y el sacerdote, desapareciendo detrás de la sacristía. Fue entonces que el ataúd empezó a moverse y se alzó un brazo de la muerta, luego el otro hasta que la mujer se incorporó lentamente dirigiéndose a la vieja que le causara tanto mal, hablándole con voz lejana, impersonal, fría.

–Mala mujer ¿viste pasar ante mi a una monja, un padre y un obispo?

El cuerpo de la interrogada se convulsionaba, el color escapaba de su rostro mientras sus ojos reflejaban un terror indescriptible.

–Sí... sí... los vi... pero...

–Esos eran los hijos que Dios me había destinado en el matrimonio que con tu maldad impediste. Ahora que estoy muerta por tu culpa los he perdido.

Diciendo esto, se abalanzó sobre la vieja y abriéndole la boca le arranco la lengua, después volvió al ataúd quedando nuevamente sin vida. Llegó la luz del nuevo día. Cuando abrieron la iglesia el pánico fue general entre los dolientes y curiosos cuando comprobaron que en vez de una muerta habían dos. Al aproximarse observaron con estupor que la joven difunta sostenía la lengua de la vieja.

–¿Qué es esto Dios mío? No podemos quitarle la lengua de la mano para meter el brazo dentro del ataúd.

–Pues tenemos que llevarla así al cementerio.

Así fue. El cortejo fúnebre salió del apequeña iglesia hacia el cementerio llevando a la joven mujer que murió de tristeza con un brazo de fuera exhibiendo la lengua como si fuera un ejemplo para la humanidad y especialmente para las personas que acostumbran donde no les importa. Pero lo mas extraño del caso fue que al llegar al camposanto, la mano soltó la lengua y el brazo subió lentamente hasta quedar dentro del ataúd.

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The Key Maker

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Hey SAP me llego la toma de esa Bicicleta, excelente y el contraste con la pared es fabuloso.
La baje y le hize unos ajustes en Saturacion y Contraste quedo macanuda. Wink

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Refrescar, EL Canto A Los Foreros, Rrefrescar
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Fotos “minimalistas”
Finding Trinity

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A mí también me agrado cuando la note y me fue irresistible no captarla. El propietario de la bici ni se mosqueo en asegurar su medio de transporte, al parecer no cree que nadie se molestaría en robársela.

La imagen la edite, rectificación luminaria y recorte, antes de colocarla en el foro. De vez en cuando me agarra la onda “minimalista”, despojar el tópico de la foto de su entorno y solo mostrar su “esencia”. Usualmente estas estampas “mínimas” son detalles o recortes de una fotografía más amplia y esto genera inconvenientes. La nueva imagen recortada a veces carece de suficiente resolución para la aplicación de otros ajustes como son efectos y texturas.

Para solventar esta restricción necesito cámara nueva, algo más profesional a la cajita que tengo. Poseo una decente 35mm, pero revelado sale carísimo, no hay como fotografía digital, uno escoge de antemano imagen a revelar. Tengo en la mira una Canon EOS Digital Rebel al alcance de mi bolsillo, ese será mi próximo “juguete” a comparar.

SAP

Hondureño escribió:
Hey SAP me llego la toma de esa Bicicleta, excelente y el contraste con la pared es fabuloso.
La baje y le hize unos ajustes en Saturacion y Contraste quedo macanuda. Wink


PD ¿Y su versión de la foto?


Ultima edición por SAP el Dom Oct 29, 2006 7:32 am, editado 2 veces

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La chancha de San Sebastián
Finding Trinity

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La chancha de San Sebastián



Abuela hacia el trabajo. Detalle de anciana vendedora de tortilla rumbo a su puesto de venda en las inmediaciones del parque La Libertad de Comayagüela, 2006. Recorte fotográfico y saturación de colores.

Entre las varias iglesias que hay en la ciudad, hay una llamada “San Sebastián”. Este lugar es muy histórico, pues allí acampó con sus huestes guatemaltecos e hizo su cuartel general, el tristemente célebre coronel Justo Milla, cuando puso sitio a esta ciudad. Encuéntrase aquí también las cenizas del gran soldado hondureño, el caballero sin tacha y sin miedo, general Trinidad Cabañas. También es testigo mudo de este lugar, de muchas refriegas de nuestras infecundas revueltas intestinas. Al occidente de esta iglesia, está una ceiba milenaria, que a juzgar por los mausoleos que se encuentran bajo este árbol, fue cementerio en algún tiempo muy lejano. También este lugar es testigo mudo de muchos acontecimientos célebres y triste de nuestra patria. Bueno, dejemos este poquito de historia y vamos con la chancha de la quebradita de San Sebastián.

En este lugar de la iglesia de San Sebastián, se celebraba y se celebra hasta la vez, aunque con menos pompa, una feria desde el primero de febrero hasta el once del mismo. Hacían los típicos chinamitos con hojas de huerta. En dichos chinamitos, vendían dulces y hacían comidas pues había la costumbre de ir ha almorzar o cenar, con sus familias o enamorados. Había un chinamo especial para los juegos de azar. Habían también bebidas alcohólicas. Por la noche vendían ponches y otras golosinas.

Los días cinco y seis, eran tradicionales diablitos, lo que hacía con la gente concurriera con más afluencia esos días.

Los enamorados tenían que llevar dos o tres hermanas o amigas de su novia a cenar a los chinamitos, pues en aquél tiempo no había tanto libertinaje, forzosamente tenían que ir acompañadas. Esto lo hacían los que estaban en pinganitos, es decir, los que gozaban de alguna solvencia económica pues era un lujo ir a cenar a los chinamitos con tres o cuatro personas, pues todo era el doble de caro. Los quemados se veían en aprietos, unos tenían la astucia de enojarse con la enamorada días antes de la feria, así ella no podía hacerle ningún cargo. Cuando la feria terminaba, entonces hacían lo posible por hacer las paces.

Los días de San Blas, jueves y domingo, había concierto con la banda, había gran concurrencia de gente a los conciertos.

En aquel tiempo, la iglesia de San Sebastián quedaba como a un kilómetro fuera de la ciudad, ahora ya está adentro. Para ir allá, había que pasar por un monte alto, mancaballales y pitahayas, solamente era el camino que conducía a la iglesia. También había que pasar por una quebrada la cual quedaba como dos cuadras fuera de la ciudad, hoy queda en medio; a esta quebrada le llaman “La Quebradita de San Sebastián”, y se han formado con las aguas pluviales y corre solamente en el invierno y cuando llueve mucho.

Propiamente en medio de las casas de don Justo Yánez y don Carlos Peña había un paso llamado “El paso de la Cruz Ñeca”, forzosamente había que pasar por ese lugar pues no había otro más cerca. Aquí solía salir una chancha en ese tiempo de feria, estropeando el que iba sólo y bolo. Cerca de ese lugar vivía una señora llamada Gertrudiz Fúnez por mal nombre le decía “Gertrudis la tuerta”. Esta señora era más vieja que joven, alta y delgada, un poco jorobada, pelo lacio y entrecano, de vientre pronunciado, la cara era larga y enjuta, de ojos saltones y tenía una nube en uno de ellos, por lo que le decían “la tuerta”, nariz y barba corvas, tenía un bocio bastante pronunciado, güegüecha como se dice vulgarmente, tenía un colmillo salido en la mandíbula superior, cuando masticaba, daba la impresión que pegaba la nariz con la barba; por la falta de dientes en fin, tenía todas las características de una bruja.

Cuando el río suena, piedras lleva, reza un refrán. La gente principiaba a sospechar y haciendo los siguientes cometarios: “Comadre, andan los decirles que Gertrudis la tuerta es la que se hace chancha y sale en la quebradita de San Sebastián”. La receptora del chisme usualmente respondía: “Si comadre, esa vieja tiene un aspecto muy feo, a lo mejor es cierto”.

Una viejita de esas que están haciendo horas extras en la vida, pero que todo lo saben, era muy allegada a la casa de Gertrudis a lo mejor eran familia, pues tenían el mismo apellido, se llamaba Concepción Fúnez. Cuando llegó una vez de tantas, le dijo “Gertrudis, se rumora que esa chancha que sale en la quebradita de San Sebastián, eres tú, si es cierto deja eso hija, porque es un gran pecado hacer brujerías, además, te puede pasar algo”. A lo que ella le contestó: ¡Ah ña Chon...! ¿usted cree en esas cosas? Es que no me quieren y no hayan que mal hacerme”.

El día de San Blas, hubo concierto por la noche. Cuando este terminó, los músicos se vinieron para la ciudad, quedándose uno de ello bolo, llamado Mónico Torres, originario de la Villa de San Antonio. Los compañeros hicieron todo lo posible por traerlo, pero fue imposible, no pudieron. Como a las doce de la noche, se vino para la ciudad, cuando iba pasando por la quebrada y por el paso de la Cruz ñeca, le salió la chancha estropeándolo todo, y para el colmo, Mónico andaba vestido de blanco. El domingo por la noche hubo concierto otra vez, volvió Mónico, pero ya preparado con una daga de crucero. Cuando terminaron el concierto, se vinieron todos los músicos dejando a Mónico nuevamente, que se hizo el bolo para que lo dejaran solo, pues ya llevaban la intención de vengarse de la chancha.

Los compañeros lo dejaron al fin y venían haciendo los siguientes comentarios: “Mónico no tenia que le vuelva a salir la chancha” decía uno, “Mónico se la lleva de macho” decía otro, “uno bolo es bruto” comentaba un tercero. Cuando eran como las doce, se vino Mónico, cuando pasó por el paso de la Cruz ñeca, sale la chancha. Entonces Mónico saca la espada de crucero y le dijo: “Ahora sí, las va a pagar chancha maldita, hija de...” María Morales y le dio un gran punzón. Cuando el animal se sintió herido, salió corriendo y Mónico le decía: “Párate vieja bruja, ya se quien sos”, pues Mónico ya sabía el proceder de aquella vieja bruja, que no era nada bueno.

Otro día amaneció la noticia que Gertrudis la tuerta está grave de muerte. “Dicen que Gertrudiz la tuerta esta grave de muerte” decía una, “yo la vi ayer que venía de comprar chicharrones” decía la otra, “yo la vi en el mercado vendiendo atole” comentaba otra. Gertrudis tenía una amiga muy allegada llamada Juana. En ese momento llegó y le dijo: “¡Jesús Gertrudiz! ¿Qué es esa sangre veo en el patio?” La vieja tuerta contestó: “Vieras lo que me pasó anoche, resulta que salí al patio y me caí sobre una estaca y mira.” “¡Jesús Gertrudiz!” le dijo Juana “eso parece puñalada”. “Si Juana, siento la muerte” contesto la herida. “Vayan a traer al padre para que la confiesen” exclamo Juana, a lo que Gertrudis contestó alzando un tanto la voz: “¡Por favor Juana! No traigas ese padre, porque lo voy a echar a la ... déjame morir así”.

En ese momento llegó ña Chon. Cuando Gertrudis le explicó todo, le dijo ña Chon: “A lo mejor es castigo por aquello que te dije”. “Ya viene ña Chon con sus cosas, déjame en paz” le contestó Gertrudis un tanto enojada. Le cayo gangrena a Gertrudis y murió. La chancha no volvió a aparecer. Este homicidio quedó en el misterio y por ende impone, como quedan horrendos crímenes.

Si algún nombre de los protagonistas de este relato es idéntico al de alguna persona que aún vive, que no se de por aludida, pues es una coincidencia y no mala intención.

Carlos Bustillo Ortega.
Comayagua, febrero de 1971.

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Los Hermanos que discutían
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Los Hermanos que discutían



Vueltas y vueltas. Niña divirtiéndose en un carrusel durante las festividades de la Virgen de Suyapa. Aldea de Suyapa, Francisco Morazán 2006.

Nos cuenta Leonila Flores García, que en el año 1953, en la aldea de Pajaritos, jurisdicción de Cantarranas, vivía el señor Luis Flores, tío de la madre de la remitente, el viejo vivía sólo porque no le gustaba vivir acompañado, debido a su mal carácter. Tenía una hermana llamada doña Coronada, que vivía cerda de él, sin embargo, las pocas veces que don Luis llegaba a visitar a su hermana en su humilde casa, terminaban discutiendo, diciéndose groserías y protagonizando uno escándalos tremendos, manteniéndose enojados por mucho tiempo.

Don Luis Flores, decidió trasladarse a vivir solo donde tenía sus cosechas de maíz y frijoles, debajo de un árbol de aguacate construyó un tapesco. Durante el día trabajaba afanosamente, pero en las noches no podía dormir, porque unos cerdos se metían a comerle las siembras.

–¡Cuche, cuche, cuche! Chanchos jodidos que no lo dejan dormir.

Sucedió que una noche aproximadamente a las doce, escuchó el ruido que producían los cerdos cuando se metían a sus terrenos, se levantó como las veces anteriores, para sacar los animales, de pronto sintió miedo y vio que los animales empezaban a correr de un lado para otro haciendo un ruido espantoso, como si presintieran algo desconocido.

En medio de la oscuridad apareció un hombre muy extraño, al velo don Luis dijo:

–Adiós señor.

–¡Señor no! Caballero que es otra cosa.

–Está bien pues caballero.

–Mira como me lo tienen de quemado, pero más fuego les voy a meter a ustedes.

–Primero Dios y la virgen que más fuego te vamos a meter nosotros. Vos ni sabes dónde vivo, para que salgas diciendo que vas a quemar estos potreros, ni te conozco siquiera.

–Allá es onde vos vivías, pero si vos ni tu hermana saben vivir.

El extraño señaló la casa de doña Coronada y desapareció bruscamente. Al día siguiente encontramos medio loco a don Luis. Después de ser atendido por sus hermanas le contó lo sucedido, y desde ese momento prometió no pelear más con doña Coronada, pues según el, aquél extraño no era otro que el demonio que le había ello una advertencia.

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GRACIAS SAP
Surfing The Matrix

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ESTABA MUY PENDIENTE ESPERANDO MAS CUENTOS O LEYENDAS.

GRACIAS Razz Razz Razz

CNMKATRACHA Razz
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Romance y tragedia en plenilunio
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Romance y tragedia en plenilunio



Cola y Jesús. Compatriota sentado en un punto de taxi en las inmediaciones del hotel La Ronda, centro de Tegucigalpa 2006. Parecieran que estos dos elementos, C... Cola y Jesús, fueran los temas publicitarios más difundidos en el país.

Todo lo que esta típica narración encierra, se desarrolla en Comayagüela. En el tiempo a que nos vamos a referir, era una pequeña población denominada Villa de Concepción. Corría con todo su esplendor tropical el verano en el año de 1918, cuando en la vetusta iglesia colonial de la pequeña villa daban las nueve campanadas de la noche... la clara luz de la luna cual una alfombra de blanco terciopelo, brillaba en el fondo de nuestro cielo azul con matices seductores, emocionando a la juventud en invitándola al amor.

De las puertas de una hermosa residencia en la primera avenida, situada paralela a las vegas del río Choluteca, salían dulces y armoniosas notas musicales, indicando que sus salones se bailaba alegremente. Era la casa de Graciela Morán, que en esas horas inolvidables se encontraba llena de la gente más distinguida del barrio, se celebraba el cumpleaños de Graciela.

La homenajeada era una joven de veinte años, de regular estatura, trigueña, de ojos negros y caballera negra larga y ondulada, su rostro un óvalo perfecto que irradiaba rebosante alegría en todo momento y con natural entusiasmo y simpatía atendía a sus invitados. La fiesta estaba muy alegre, cuando llegó un apuesto jinete a una de las iluminadas puertas de la casa y procedió a bajarse de su brioso corcel con la agilidad de un consumado ranchero.

Con voz autoritaria le entregó el caballo a un hombre, diciéndole que lo llevara al establo cercano; este señor era Roberto Montenegro, novio de Graciela, alto de fuerte complexión física, blanco, pero de aspecto indígena, pelo negro y liso, de nariz larga y encorvada, parecía al pico de las aves de rapiña. Tenía aproximadamente treinta años de edad, era vanidoso, violento y se gastaba un genio de pocos amigos. Penetró en la casa y se paró en el centro del salón de baile ante la consiguiente sorpresa de todos ahí presentes, porque su traje de ranchero con armas y aunque limpio y brillante desentonaban con el que vestían los individuos. Aprovechando el silencio reinante, llamó a su novia y:

–Hazme el favor de hablarle a tus padres, quiero comunicarles cosas muy importantes.

–Está bien Roberto.

Poco después la joven comunicaba a sus padres lo manifestado por su prometido, quien era un rico comerciante y estaba oficialmente reconocido por los padres de Graciela Morán como su novio formal.

–Buenas noches señores, dijo Roberto, quiero manifestarles que tengo todo dispuesto para casarme con Gabriela en la próxima semana. ¿Qué dicen Uds.?

El padre después de pensar un momento, contestó con una sonrisa:

–Nosotros estamos de acuerdo con el deseo de Uds., y ya que la casualidad cabalga a la par de vuestra petición, debemos de aprovecharla.

El señor se refería a la fiesta al decir aquellas palabras. Acto seguido y ante momentánea expectación y silencio de los invitados alzó la voz:

–Quiero aprovechar vuestra presencia, para anunciar el próximo enlace matrimonial de mi hija Gabriela con el caballero Roberto Montenegro aquí presente, acto que se verificará el próximo sábado, quedan invitados todos de mi parte ¡que siga la fiesta!

Un sonoro y estruendo aplauso acogió las palabras del padre de Graciela y aquella alegría festiva se prolongo hasta las primeras horas de la madrugada, cuando la aurora asomaba en el horizonte.

Tal como se anunciara, la boda se realizó el día sábado. El señor Montenegro se radicó con su adorable esposa a dos cuadras de distancia de la casa de sus suegros, que como recordará estaba ubicada paralela a las vegas del río Choluteca que divide las ciudades de Tegucigalpa y Comayagüela. Durante cuatro años la vida de aquel matrimonio transcurrió normalmente, habían procreado una niña que hacía las delicias del hogar, pero Graciela pasaba largas temporadas sola, porque su esposo trabajaba en los pueblos vendiendo mercaderías. Con el tiempo fue aprovechando su libertad para darle expansión a su espíritu romántico y a su belleza física con amores secretos, que pronto la gente empezó a comentar y especialmente condenar la vida libertina que se daba a pesar de su compromiso conyugal.

Enterado Roberto de los referidos acontecimientos que laceraban su honor, dispuso castigar a la infiel. Sin avisar que regresaría, pronto apareció en Comayagüela ingiriendo aguardiente en los estancos apartados. Aproximadamente a las doce de la noche cuando la población dormía, se acercó a la puerta de su casa con todo sigilo, presentaba el aspecto de una fiera en asecho, debido al odio que lo invadía y a la acción del aguardiente... si, ya no era hombre normal, diríamos que se trataba de una bestia salvaje. Con un tremendo puntapié abrió la puerta y con agilidad felina, saltó sobre dos bultos que estaban en su lecho, al primero que era un hombre lo estranguló con sus dos manos, sin darle tiempo de gritar. A la mujer la tomó del pelo, haciéndola rebotar contra el piso y sin soltarla se aproximo hasta la cuna de la niña estrangulándola y lanzándola furiosamente contra la pared, hasta que la inocente quedó sin vida en un charco de sangre. Acoto seguido arrastró a su mujer por las calles empedradas hasta llegar a las vegas del río, muy cerca de la casa de sus suegros y con un filoso cuchillo, remató a su esposa y procedió cortarle de raíz su larga cabellera negra, guardándola en la bolsa de su ensangrentado saco. Seguidamente arrojó el cuerpo destrozado de la mujer a una zanja, por la que corría una pequeña quebrada y a la luz de la luna lanzó al aire una pavorosa y siniestra carcajada; había destruido totalmente su hogar.

El triple crimen fue descubierto al siguiente día y tres días después, las autoridades y varios particulares encontraron a un hombre tendido boca abajo, muy cerca de la zanja donde fue encontrada el cadáver de Graciela Morán. Al darle vuelta constataron que el hombre estaba muerto a consecuencia de intoxicación alcohólica, era de fuerte complexión física, blanco, pero con aspecto de hindú de pelo negro y liso y una nariz larga y encorvada muy parecido al pico de aves de rapiña. No había duda era don Roberto Montenegro. Al registrar sus ropas, encontraron la cabellera ensangrentada de la mujer, dándose cuenta de que el la había asesinado conservando aquella cabellera negra y ondulada hasta el fin de sus días. Si, era el que la policía estaba buscando por toda Honduras, cuyos habitantes estaban horrorizados ante lo macabro y espeluznante de aquel crimen y especialmente por el de la niña; más la justicia divina se encargó de cegar una cuarta vida que no era necesaria en este mundo.

La paz y la moral nuevamente carta de ciudadanía entre la gente laboriosa y alegra de la Villa de Concepción. Sin embargo algunos trasnochadores comenzaron a ver a las doce de la noche cerca del lugar donde fuera encontrado el cuerpo despedazado de Gabriela, a una vaca pintada seguida de una ternerita, la vaca lloraba como una mujer y la ternera como una niña, luego tomaban figuras humanas y la mujer y la niña después de un silencio sepulcral desaparecían ante los aterrorizados testigos.

La presencia de los fantasmas duró aproximadamente tres años, hasta que un valiente como humanitario sacerdote de la iglesia colonial de la villa, se propuso terminar con el embrujo de la vaca pintada. Cuentan que una noche, provisto de agua bendita y de una cuerda de San Francisco, espero pacientemente en el lugar de los hechos a que el reloj marcara las doce de la noche, noche de viento suave, noche tenebrosa, noche de plenilunio.

Al escucharse la última campanada del reloj de la iglesia los perros aullaron anunciando que algo sobrenatural estaba a punto de ocurrir. En el sitio en donde se encontraba el sacerdote la tierra tembló y prolongados lamentos se dejaron escuchar haciendo huir a los curiosos que afirmaron tener valor para acompañar al representante de la iglesia católica, fue entonces que aparecieron la vaca y la ternerita avanzando a paso lento y cansado. El sacerdote se irguió con valor y escuchó claramente la confesión del fantasma, quien aseguró ser el alma en pena de Gabriela Morán y su pequeña hija.

El sacerdote rezó y con toda devoción procedió a rociar con agua bendita a las que parecían ser una mujer y una niña. Les ordenó en el nombre de Dios Todopoderoso que se retiren de la faz de la tierra y regresen al lugar de las almas juzgadas, hasta la consumación de los siglos... Amén.

Así desaparecieron para siempre los protagonistas de esta leyenda regional hondureña, que por ironía nació y concluyo en una noche de plenilunio. La violencia como el huracán, todo lo destruyen.

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Esta leyenda regional hondureña fue escrita por el profesor Ramón Montoya R.

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que lindo!!!!!!!!!!!!
Surfing The Matrix

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HEY SAP QUE LINDAS HITORAS ME GUSTARON MUCHO. TU LAS INVENTASTE OH LAS LEISTES? Laughing Cool
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El increíble e inmenso tesoro de Monseñor Miravalle
Finding Trinity

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El increíble e inmenso tesoro de Monseñor Miravalle



Lustrado de cinco lempiras. Lustra zapatos en la Plaza Mayor (parque central) de Tegucigalpa. Foto 2005.

Don Esteban Shonder Enamorado buscador de oro y explorador de nacionalidad alemana descubrió en una de sus investigaciones en el departamento de Santa Bárbara en una humilde casa campesina abandonada, una cruz de oro macizo que pesaba 16 libras, enterrado bajo la cruz había una maleta de cuero tan duro como la madera por la acción del tiempo, al abrirla encontró un testamento, arreglo las cosas encontradas y bajó de la montaña rumbo a su caballo.

Durante muchos años nadie supo de aquel hallazgo, la cruz y testamento estuvieron guardados celosamente por don Esteban Shonder el famoso “guiris”, nombre con el que se conoce en tierra adentro a los buscadores de oro. Con el correr del tiempo, un nieto de don Esteban que posiblemente ya había fallecido, encontró la cruz cubierta con una especie de velo verde, el muchacho era adicto a las bebidas alcohólicas. Una mañana se encontraba sin dinero para seguir bebiendo y decidió empeñar aquella pesada cruz que el creyó de bronce o cobre, junto con la maleta que contenía el testamento se fue a un expendio de aguardiente y sin saber el valor de aquél pesado objeto lo empeño por la cantidad de diez lempiras, entregando al dueño del establecimiento la cruz y la maleta con el testamento.

Un personaje de la ciudad de San Pedro Sula que pasó por el expendio, se tomo un par de tragos y al ver la cruz colocada en un rincón pidió al estanquero que le mostrara y al descubrir que se trataba de oro macizo se la compró por quinientos lempiras y no quiso llevarse la maleta. Cuentan que esa cruz en cierta oportunidad la tuvo en sus manos el doctor Ramón Villeda Morales ex-presidente de Honduras fallecido en Washington de un ataque al corazón cuando era representante de nuestro país ante las Naciones Unidas.

Siguió el tiempo su marcha inexorable y la carrera que conduce a Atima, pintoresco poblado de Santa Bárbara, se fue deteriorando poco a poco, se solicito ayuda al gobierno para su reparación y fue enviada maquinaria necesaria para cumplir con las peticiones del pueblo. Uno de los tractoristas se dio cuenta que la cuchilla de su máquina había tropezado con algo metálico y se bajó a ver de que se trataba y menuda fue su sorpresa al encontrar una aljaba que contenía 150 monedas antiguas, algunas las regalo a sus amigos y las otras las vendió. Se trataba de los famosos pelucones o sea la moneda que llevaba la figura del rey de España que según se dice era pelón y usaba una peluca, de ahí el nombre de “pelucones”. Aquél hallazgo despertó la curiosidad de muchas personas que fueron a la zona donde realizaban su trabajo los tractores del gobierno pero nunca encontraron nada. No sabemos como llegó a manos del señor Rodrigo Sabillón el testamento encontrado por el alemán Shonder, en ese tiempo don Rodrigo era gobernador político de Santa Bárbara, dicho testamento está escrito sobre cuero y era la clave para encontrar un inmenso tesoro, así lo hizo saber a sus amigos el abogado Elmer Enamorado, al licenciado Fernando Montes actual magistrado del Tribunal de Cuentas, a don Mario Figueroa asesor del soberano Congreso Nacional y el abogado Fernandino Sánchez. Los amigos leyeron con una lupa el famoso testamento que adjuntamos en las siguiente páginas y que podrán leer con el uso de una lupa.

“Yo Monseñor Tolentino Miravalle y Veira, natural de la provincia de Pontevedra, nombrado por su majestad recaudador de diezmos mayores y menos de Nueva España, quien manifiesto en acto de última voluntad, que obtuve por malas artes una inmensa riqueza. 17 mil piezas de oro, 12 mil doblones de oro español, 19 mil centenarios de oro español, 13 mil luises de oro, 14 mil pelucones de oro, 9 mil rubíes australianos, 500 turquesas de tamaño regular, una horquilla de oro, una diadema recamada de pedrería finísima de oro, una cruz de oro, tres vasos sagrados de oro y por ultimo un anillo sacerdotal, todas estas monedas y piedras preciosas han sido colocadas en un cofre de metal y sellados con armas del Santo Oficio para que sean juntados sin sacrilegio de rufianes. En cuanto a estos cofres forman además 700 lingotes con mi apellido y jerarquía”.

Mas adelante el testamento habla de Pablo Mazariegos y otros de sus fieles servidores a los que asesinó para guardar el secreto. En el mismo documentos hay varias peticiones que deben ser cumplidas para poder encontrar el tesoro exigiendo su fiel cumplimientos pues de lo contrario vendrían maldiciones y enfermedades contra los violadores de su última voluntad. Fue así que los profesionales arriba mencionados dispusieron seguir al pie de la letra lo indicado por Tolentino Miravalle. Mandaron oficiar 21 misas cantadas y repicadas en la canta iglesia catedral de Comayagua en memoria del mismo Tolentino y de los que fueron inmolados para guardar el secreto. –Oigan– dijo Fernandino –aquí hay algo que será muy difícil de cumplir. Hay que caminar de rodillas desde la ciudad de Comayagua hasta el municipio de Taulabé... unos cuarenta kilómetros más o menos.

El licenciado Fernando Montes tuvo una idea que comunicó a sus compañeros: –Tengo una idea muchachos... es materialmente imposible llegar a Taulabé desde Comayagua de rodillas ¿Por qué no nos vamos de rodilla montados en un vehículo hasta llegar al destino que pide monseñor Tolentino?

La idea se llevó a cabo y posteriormente rezaron 50 rosarios en la montaña santabarbarense donde presuntamente fue encontrado el testamento. Pidieron detectores de metales a los Estados Unidos y dieron inicio a las excavaciones, excavaron más o menos unas doscientas horas turnándose, estaban seguros que estaban en el lugar correcto. Como siempre hay un pelo en la sopa, la actividad de aquellos hombres que llegaban por las tardes a la montaña con procedencia de Tegucigalpa, despertó sospecha entre los vecinos, asegurando que aquel grupo junto con algunos cafetaleros de Santa Bárbara estaban conspirando para derrocar al gobierno que presidía el doctor Roberto Suazo Córdoba. Aquellos chismes y sospechas provocaron la cancelación del nombramiento del licenciado Montes como director del Instituto Hondureño del Café, a Elmer Enamorado el nombramiento de Consejo de Finanzas de la alcaldía de Tegucigalpa y entre ellos bromas dijeron que aquello era parte de la maldición que aparecía en el testamento.

Un lunes por la mañana los buscadores que residían en la capital recibieron un aviso del gobernador político de Santa Bárbara Rodrigo Sabillón:

“Quiero comunicarles que el detector de metales señala una inmensa masa de metal y me atrevo a decirles que el tesoro es nuestro. Vénganse de inmediato”.

Los cuatros amigos iniciaron la excavación donde el detector señalaba la presencia de metal en grandes cantidades, ya no importaba as ampollas y los cayos de las manos, el tesoro estaba ahí, serían inmensamente ricos, de pronto se produjo un sonido metálico.

–Es uno de los cofres, estoy seguro... ¡ES UNO DE LOS COFRES!

Pero se llevaron una inmensa decepción, habían encontrado un viejo trapiche de hierro herrumbrado por el paso del tiempo y por la exposición a los elementos naturales.

Posiblemente don Esteban Shonder un hombre solitario y desconfiado no dijo exactamente el lugar de la montaña donde encontró el testamento, él sabía que no podía cumplir con todos los requisitos que exigía ó quizás abrigo la esperanza de poder hacerlo más adelante. A partir de aquél año de 1981 se despertó en muchas personas la desmedida ambición de encontrar el famoso tesoro que, según los expertos, a estas alturas tiene un valor de varios miles de millones de dólares.

Una noche, según cuentan en Santa Bárbara, una pareja de campesinos caminaba rumbo a la comunidad de Atima escuchando ruido de caballos en sentido contrario.

–Oiga Pantaleón... como que vienen unos montados.

–¿No serán esos de la policía?

–Esos mismítos deben ser.

–Andan en patrulla... yo vide el otro diya quia garraron al hijo de mi compa Emilio porque le gusta meter las cinco.

–Tonces esos son los de la patrulla quiandan buscando ladrones.

–Shhh cállese que se acercan los montados.

En efecto varios hombres montados a caballo y llevando mulas cargadas se encontraron con los campesinos.

–Buenas noches señores.

–Ji ji ji... si es un pagresito Marilla... Guenas siñor cura.

–Muy guenas pagresito que les vaya bien.

–¿Vido Marilla... vido? Llevan unas mulas hasta agachaditas por el peso les han encaramado.

–Si Pantaleón y esos hombres se visten diótro modo ¿Los vido Pantaleón, los vido?

–Mejor vámonos lijeríto mujer que me dio frillo ver a esos hombres.

Cuentan que en Atima Pantaleón y María enfermaron de gravedad repentinamente, él murió tres semanas después de haber visto el fantasma de monseñor Tolentino Miravalle y ella murió un mes después. Por todo lo relatado se comenta que monseñor Tolentino había robado aquella inmensa riqueza que había recaudado dentro y fuera de España porque los pelucones no circulaban en el nuevo mundo por su alto valor adquisitivo. El licenciado Fernando Montes logró conseguir posteriormente uno de los pelucones que encontró el tractorista y lo conserva en un lugar especial.

Todo lo aquí narrado es atentamente cierto. Con una lupa pueden leer parte del testamento pero no se atrevan a buscarlo pues aseguran que nunca será encontrado, ahí hay maldición.

NOTA: Testamento omitido, imagen ilegible. SAP

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Le dieron camotillo
Finding Trinity

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Siguiente cuento dedicado a Hondureño con mucho aprecio. Saludos SAP

Hondureño escribió:
Porque a quien le queres dar camotillo Question Question Laughing Laughing Si existe una variedad del camote que es medio venenosa cuando ingieres cantidades grandes. Muy comun en la costa norte. Te aseguro que si SAP lee este mensaje nos va postear un reporte al respecto Laughing


Le dieron camotillo



Hay vida en la calle. Vecinos del barrio La Libertad tomando el frescor de la calle durante un caluroso atardecer de Choluteca. Foto 2006.

Era las cuatro de la mañana, un viento fresco batía la arbolada, mientras que en la cocina de los Flores, en la montaña de Pinantes, un vivo fogón chisporreteaba calentando el comal, en donde Magdalena con mano maestra echaba tortillas frescas y freía frijoles para amarrarle el almuerzo a su hermano Timoteo. Afuera, a la luz de un hachón de ocote oloroso de resina, dos mozos pelaban un chancho y en el corral, el gallo montuno despertaba con el agudo clarín de su canto y su fuerte aleteo a sus múltiples mujeres, las tímidas y dóciles gallinas.

Cerca de la puerta, Timoteo pegaba a la arisca mula de carga de café que llevaba a vender al pueblo y mientras eso sucedía, escuchaba el consejo maternal de la autora de sus días doña Filomena.

–Tenés mucho cuidado en la ciudad y que no se te vaya a meter en la cabeza embolarte. Acordate que la medicina que te dio ñia Castula ya te tiene gueno.

–Si amá.

–Poné atención, atencioname bien. En la tienda de ñor Cupertino me comprás dos vara de una telita barata y encajonada y de la botica de Eustaquio me tráis un bote de pachulín para tu hermana Magdalena, que tiene que ir al pueblo de traer unos tasajos de carne para salar, y comprate también un par de burros para vos, pues lo que tenés ya están rompidos y se te mete el agua... ¡Ahhh y mirá! No dejes de pasar por onde el señor cura dejándole la limosna para la misa de dijuntos ¿entendiste Timotello?

–Si mama, pero dígale a esa barsunuda de Magdalena que se apure que ya se me está haciendo tarde.

–Magdalena ¡Magdalena! ¿Qué te pasa a vos puñetera que hoy has amanecido tan despaciosa? Parece que la pereza te está comiendo, apurate que tu hermano quiere estar pronto de guelta.

Magdalena tenía el rostro enrojecido de esta soplando el fogón, y desde el fondo de la cocina gritó –Ya voy... si es que este comal jodido no quiere calentar.

Minutos después Timoteo Flores partía de la montaña de Pitantes rumbo al pueblo. Por el camino iba sacando las cuentas del producto de la venta de café, apartaba los gastos y con los dedos de la mano contaba la ganancia y satisfecho con su contabilidad campesina se hacia la ilusión de regresar temprano a su casa. Mientras allá en su hogar de la montaña en medio del quehacer de los oficios domésticos, doña Filomena continuaba conversando con su hija.

–Mirá Magdalena, escondé bien esa pacha de guaro que tenés en el horno, pues ya sabes que la podemos ocupar para faumentos en los huesos, vaya hacer que Timotello la vea y al menor descuido se la sampe de un solo tucún.

–No creya mi mama, ya Timotello no le gusta el guaro, no lo puede ni goler.

–No mija, acordaté que el diablo empuja.

La conversación iba a continuar, cuando de pronto llegó un mozo fornido y tostado por el sol, era el que pretendía a la hermana de Timoteo, saludó a las dos mujeres y doña Filomena haciendo un gesto de desagrado expreso –Bernabé, no me gusta que vengas a mi casa, ya te loa dicho y pior cuando no esta Timotello que no te traga ni en la sopa.

–Yo no ando con picardías doña Filomena, soy pobre pero honrado y por eso visito a Magdalena a la luz del dilla, no sé por que Timotello no me puede ver ni pintado.

–Mejor andate para tu casa Bernabé, no quiero que mi hijo te haga tucos con el machete, respondió la madre.

La vieja saló enojada y casi echaba chispas por los ojos, dejando a Bernabé y a su hija platicando de amores. Magdalena se abrazó al muchacho preguntándole si la quería, éste como respuesta le dio un beso en la mejilla, la muchacha cambió de colores, temerosa de que su madre los estuviera observando.

–No me hagas cosquilla JI JI JI JI JI, que nos va chotiar mi amá.

–Si sólo un piquito te dí, y ya estas riendo.

–Es que ese bigote tuyo me pincha. Acordate que mi amá se fue brava y si nos ve haciendo pangadas es capaz de decirle a Timotello y sólo que Timotello esté muerto nos podemos casamentiar, así dice ella.

–Vaya démonos otro pico, antes que venga tu nana.

–Es que ese bigote me pica y me da cosquillas por todo el cuerpo y por las patas JI JI JI JI JI... No... Así no... JI JI JI.

–Ayó me arrecha que te rías así solo porque te piquello.

Bernabé y Magdalena siguieron platicando largamente de su amor hasta el atardecer, luego el ladrido agudo de los perros se escuchó en la casa. Bernabé se despidió de la campesina y tomo el camino de la finca vecina. Donde trabajaba como jornalero. A los pocos minutos llegaba sudoroso Timoteo.

–¿Qué tal te jue mijo?

–Macanudo. Vendí el café, le traje los encargos y saludes le mandó el siñor cura y dijo que gracias por la limonsina.

–Si serás caballo, se dice limosna.

–Mire los burros que compré son de buen cuero, aquí está el bote de pachulín de Magdalena.

–Enseña, mmmmm que rico huele.

–Palabrita que con ese perfume cualquiera se embola, comentó el hijo.

–¿No te sampaste ningún trago en el pueblo? Pregunto la madre.

–No amá, las tripas me lo pedían, pero hice juerza y no chupé.

Después de la plática y de la entrega de los encargos, vino la cena, luego las sombras de la noche cubrieron la montaña. Cuando Timoteo se iba acostar, miró asombrado una pacha de guaro cerca de su cama, al contemplar el líquido maravilloso que tanto le gustaba, destapó la pacha y de un solo tirón se tomó el contenido haciendo un gesto raro.

–Papo que juerte está esta papada, casi me da por amarrar el zope. Con razón ya las tripas estaban como resentidas si no les había caído su agüita bendita. Ni cuenta se van a dar esta mujeres de que aquí jue donde reventé la chupa, porque mañana la sigo.

Al levantarse doña Filomena al día siguiente notó extrañada que Timoteo no se levantaba y presurosa fue a la cama a despertarlo. Era inútil, Timoteo no se movía... Pero... ¡maldición! El pobre estaba tieso en la cama, un color morado lo cubría desde la cabeza hasta los pies y un envase vacío de guaro estaba sobre el piso de tierra y cerca de la cama. Dando gritos de lamentos doña Filomena despertó a su hija y a los mozos, y en pocos minutos la noticia corrió por la casa vecinas. En pocas horas los campesinos rodearon el cadáver de Timoteo.

–Mijooooo... Tan gueno que era. Tanto le dije a Magdalena que escondiera esa maldita pacha de guaro.

–Si la escondí mamá.

Un señor que estaba observando a la madre de Timoteo le colocó suavemente una mano sobre el hombro y expresó:

–No culpes a tu hija Filomena, así es el vicio. Don Catalino de eso murió. Oonde estaba el condenado trago él no lo buscara. ¿Se fijaron que morado se puso Timotello? Así se ponen los que mueren de chupar.

Por la tarde se verificó el entierro de Timoteo, al caer la noche después de darle el pésame a los dolientes, los campesinos se retiraron a sus respectivos hogares. Serían las doce de la noche, cuando en el corral del ordeño y bajo la oscuridad más completa, dos sombras humanas se abrazaban... Eran Bernabé y Magdalena.

–¡Pobrecito Timotello! Deseguro venía agitado y al meterse la pacha de guaro se ahogó y aunque no lo topaba, yo no lo malquerilla.

–No seas dundo Barnabé, ya estamos aquí sin miedo y luego nos vamos a matrimoniar. Todo se lo debemos al camotillo que le metí a la pacha de guaro a escondidas, agorita soy tuya papaito lindo, dame otro pico aunque me pinches con el bigote.

Por eso es que dice la gente que cuando alguien se muere sin motivo aparente, es que le dieron camotillo.

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The Key Maker

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Laughing Laughing Esta buena esa del camotillo Laughing Laughing

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El grencho
Finding Trinity

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El grencho



Paseando en paila. Niña viajando en tina de camioneta. Estos automóviles “troca” son además de vehículos de trabajo coches familiares. Barrio La Guadalupe de Tegucigalpa, 2006.

La chimenea de una casita blanca empezó a lanzar copitos de humo, que iban a confundirse con la neblina que se restregaba en los tejados del pequeño caserío; un gallo dio su primer clarinazo, inclinándose así una diana unánime de todos los gallos circunvecinos.

–Abréviate, vos, que nos coje el día –gritó una vos viril desde el corral de la hacienda.

Un niño mal vestido salió bostezando de la cocina.

–Montáte al anca –dijo el hombre– y te agarrás fuerte, porque este animal es bien resabido.

Momentos después los dos cabalgaban por el llano. El hombre hablaba sin cesar.

–Vos te vas a quedar con Taita, Jolgito; te portás bien pa’ que naide te bruña. Ya ves cuanto hemos sufrido en esa hacienda desgraciada, y es una injusticia que sigamos sufriendo. Se obediente con la siñora Pancha, que ella jué muy guena con nuestra dijunta magre. No se te olvide la carta pa’ taita; el llegará a la casa lo más tarde a la diez; también me saludás a tu madrina y a Teo, el hijo del dijunto Juan. Si me yega a sonreir la suerte te mando a traer pa’ hacerte todo un hombre, y que naide se monte ancima de vos, ancima como sián querido encaramar en yo.

A es de las seis de la mañana llegaron a “Rancho Quemado”, en donde desmontó el niño. El hombre siguió su camino, pero esta vez a golpe tendido...

Quibracho, 23 de octubre de Don Remigio Valladares, Rancho Quemado.

Querido Taita:

Cuando recibás estas cuatro letras quiacabo de garrapatiar, quizá ya aiga cometido una trastada, pero que le vamos a hacer, si ansina lo ha querido mi mala suerte. Vos bien sabés que yo nunca juí malo, taita. Recuerdo que cuando apenas un güirro, si un tuco de tortilla más duro que un caite y un terrón de sal me ponía mi magre en el almuerzo, eso me rempujaba con tida complacencia.

Pos bien, voy a referirte mistoria, pero sin prencepiar por onde principean los historiadores, que sería la de nunca acabar.

Cuando ajuste mi plaza en el cuartel, me conserté como pión en esta hacienda. Los grenchos siempre mián caido mal, taita; pero éste paecía más cristiano que los demás con que yo había trabado conocimientoY aquí entra la Chole de que tanto te hey hablado. Ella se llama Soledá, pero el grencho bruto le encajó Chole. Si vieras qué bonita es la babosa, me peldonarías mis locuras que vos llamás debilidades.

Una mañana la vide en el corral ordeñando, estaba de espalda y como vos bien sabes que no soy muy dejado pa’ piropiear cipotas, le aventé uno:

–Hoy la agora nació en el corral de esta hacienda pa’ felicidá de mi ánima.

Ella golvió la cara y sus ojos se me jueron al fondo como maules de juego, y vide que sus colochos eran énticos a los de aquella Madalena que ‘stá juntito al Siñor de las Misericordias, en el altar de la iglesia del pueblo. ¿Te acordás taita, la última ves que juimos? Todavía respiraba mi dijunta magre, que Dios me la tenga en el Reino del Cielo.

Y a propósito taita, según dicen las malas lenguas, mi magre se murió de celos y resentimientos, pos vos tiabías emberrenchinado con aquella presumida de Eulofía, que paecía galafate caratoso; pero yo nunca lo hei creido; las malas lenguas ansí l’onra quiencuentra por delante se la llevan dincuentro.

Desde ese mesmo día principíe a molestarla hasta sacarle palabra de compromiso. Pero vos bien sabés que la felicidá no es pa’ nosotros los pogres, y qui’ ante el poder de la plata no hay corazón que no se ponga tierno por más duro que seya. El grencho prencepió a molestarla; pero el ricachón no lo haciya como yo con palabras únicamente, el le haciya con toda clase de osequios y hasta llegó a mercarle un par de chancletas. Ya te podés imaginar vos lo que son las mujeres cuando se forran las niguas, les parece que andan con Dios en las pata ¡ché! Y ansí jue como una mañana la incontré besuquiándose.

No te miento taita, paecía que se me había trabado una rama seca en el galillo y la cabeza me daba guelta como un trompo tatarate.

Y no le dije nada; ¡pá’ que! Eso siarregla de otro modo. No hay que perdonar a nadie, taita; macho que se deja poner el aparejo muere con el lomo; aunque relinche y pataleye ya esta bien ajustao y núai pa’ donde; tiene que conjormarse con ser macho e’ carga toita la vida, ansí como loís, taita, toita la vida.

Recibí un juerte abrazo de tu ‘ijo y perdonalo que ansí lo quiso su endemoniada suerte.

CIRIACO.


–Que se cague en él –rugió el viejo Remigio, estrujando la carta con una recta crispatura de manos.

Caía una lluvia fina y un agradable olor a sierra mojada saturaba el ambiente. Por la vieja carretera un hombre blanco cabalgaba. De un matorral vecino salió un recio fogonazo. La detonación, mezclada de un lamento trágico, se arrastró por la hondonada...

–¡HDP! –grito Ciriaco, saltando a la carretera. ¡Ansí se pegan botones!

Con pasos firmes se aproximó al herido que se desangraba agonizante

–Grencho HDP, que no valés ni la peseta que acabo de gastar... ¡Pendejo! –gruño lanzándole un escupitajo en el rostro y dándole una patada en la panza que sonó como árgana vacía. Que te coman los zopilotes que lo que yo no he de ir a dar cuenta –le dijo– y emprendió la marcha muy tranquilamente hacía otro campo, en busca de un amo a quien servir... ya que el pobre, el desventurado CIRIACO, no poseía un pedazo de sierra propio para fecundarlo con el sudor de la fuente.

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En el año de 1959 me hice amigo del poeta Daniel Laínez, él amaba las cosa del campo, a la gente de tierra adentro. El cuento que acaban de leer lo escribió el recordado poeta y ahora lo publico como un recuerdo de aquella vieja amistad.

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El castigo de un hereje
Finding Trinity

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Finalizo con este relato los “Cuentos y Leyendas de Honduras, VOLUMEN II” de Jorge Montenegro. En los siguientes días estaré transcribiendo algunos escritos de otro libro de Montenegro “Misterios y... algo más”. Saludos SAP

El castigo de un hereje



Después de la lluvia. Mujer de aseo atareada “trapiando” agua de lluvia. Fotografía es un error técnico, capté la imagen con apertura abierta. Aun así, la estampa me agrada porque “narra” brevemente la faena. Tegucigalpa 2006.

Antes que el tristemente célebre coronel Justo Milla prendiera juego a esta ciudad, había aquí una iglesia llamada “San Juan de Dios”, propiamente donde ahora esta el “Hospital Santa Teresa”. Según la historia, allí se efectuaba la Santa Inquisición, de “triste recordación”. En dicho lugar hubo un ejemplo para aquellos sacrilegios que, por el simple hecho de jactarse de su herejía, les gusta profanar las cosas sagradas. Este relato parece increíble, pero fue una cosa cierta. En aquel tiempo había un hombre que se las llevaba de hereje, todas las cosas religiosas las trataba de un modo despectivo y con criminal desprecio. Este hombre era borracho y ladrón, era pues, un completo malandrín, escoria de la sociedad, la que lo veía con el desprecio que se merecía, pero no había rebasado los limites de la maldad. Este hombre se llamaba Cristín Doblado, por el mal nombre le decía “El Zorro”, seguramente por astuto que era para hacer sus fechorías. Era negro y feo, como negras y feas eran sus acciones. Una vez, pasó el malvado Zorro por la iglesia, vio que con una escalera, podía tener acceso a una ventana de la misma, meterse y robar. Dispuso engatusar al celador o encargado de cerrar las puertas y ventanas de la iglesia, que le dejara una ventana abierta para meterse a robar. Lo halagó diciéndole que iban a repartir del botín robado.

Una vez, paso el Zorro por allí, ya para anochecer, vio que una de las ventanas estaba abierta y dijo para sí: Ya estuvo, por la noche me robaré una escalera que ya tengo vigilada, me meteré por esa ventana que está abierta y luego entrare a la iglesia, robaré algunas cosas de valor y tendré para beber en puerca. El borracho no tiene otra ilusión que la de conseguir el trago, por conseguirlo no le importa llegar a cualquier extremo, por difícil o indigno que sea.

Cuando el Zorro terminó su soliloquio, se fue a esperar la noche para poner en práctica sus negros pensamientos. Cuando toda la gente dormía ya tarde de la noche, fue a robarse una escalera, la puso en dirección de la ventana y se trepó. Como las paredes de la iglesia eran gruesas, pudo perfectamente maniobrar; trepó la escalera, luego bajó dentro y se metió, luego prendió una candela de las que tenían allí para celebrar, hipócritamente se persinó, se tomo el vino de consagrar y se comió las hostias. Esto lo hizo con el mayor cinismo. Las hostias son confeccionadas de pan ácido, es decir sin levadura, sin huevos y sin azúcar, por lo que son completamente simples, la hacía por hacer más grande la profanación. Todo esto lo hizo con toda facilidad, pues en aquel tiempo no había luz eléctrica.

Todo aquello hubiera sido tétrico, quizás hasta se hubiera hecho loca una persona en estado normal, pero el Zorro esta en estado morboso y su condición de hereje, todo aquello lo veía con mucha indiferencia. Las lechuzas y murciélagos revoloteaban, azorados al ver entrar aquel intruso a su morada, pues como todos saben, las iglesias son las viviendas de estos repugnantes animales.

Cuando el Zorro había consumado todos aquellos actos sacrílegos, se robó el cáliz y otros objetos de valor, y salió por la puerta y se fue, pasó por el cartel, el centinela lo requirió dándolo el quién por tres veces, pero no oyó, entonces el centinela tuvo que dispararle y lo mato.

Pronto vinieron por le cuerpo y las cosas robadas, quedando un charco de sangre donde había caído el Zorro, luego vinieron unos perros negros, como del cerro del Nance lamieron la sangre y se fueron. El cuerpo hecho cadáver de aquel profano pronto entró en descomposición, al grado que hobo que llevarlo precipitadamente al cementerio, para mientras terminaban de cavar la sepultura.

El nombre del celador de la iglesia era Felipe, pero solo le decían Felipón, seguramente por grandulón que era, y no era tan bueno que digamos, puesto que se había hecho solidario con el Zorro para hacer el robo. Felipón fue despedido tan pronto se dieron cuenta de su complicidad en el robo, dedicándose a otros menesteres. Una vez fue a limpiar un rastrojo para sembrar una milpa. En una troja había un cumbo, por un descuido lo había dejado destapado. Felipón fue a traer agua, cuando le líquido entro, salió enfurecida una víbora que se había metido, lo mordió en la cara y lo mató inmediatamente.

Así pagaron estas almas mezquinas por su vil acción.

Hasta aquí le que me contó don Carlos Bustillo O.

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The Dreamer of Dreams

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Sap,esta buena la foto,aunque te hubiera quedado excelente si hubieses usado un tripode.
Que apertura usaste?
Saludos
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Cuentos y leyendas hondureñas por J. Montenegro, VOLUMEN II

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