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| Cuentos y leyendas hondureñas por J. Montenegro, VOLUMEN I |
| El origen de la Sucia |
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Finding Trinity
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El origen de la Sucia
Viajeros impacientes. Niños esperando con ansias que parta el autobús, El Amatillo, departamento de Valle, 2005. Fotografíe la estampa durante unas vacaciones hacia El Salvador, también tome el mismo bus que conecta El Amatillo – La Unión. Lo que me llamo la atención de la escena es como las ventanas del vehículo enmarcan a los chiquillos. Para hacer mi programa Cuentos y Leyendas de Honduras que ha sido transmitido por diferentes radioemisoras del país, he visitado pueblos, aldeas, caseríos, ciudades, etc., con el objeto de conocer la verdadera historia de esa mujer que le aparece a los enamorados o a los caminantes en las orillas de ríos y quebradas. Cuenta que hace años vivieron dos seres que se amaban con locura, vivían en aldeas separadas por un río cristalino y de aguas cantarinas. El se llamaba José y ella Mariana, se habían jurado amor eterno y fijaron una fecha para su boda. Pero cuando dos personas que buscan la felicidad no faltan los chismes y a ella llegaban a contarle cosas: “Fíjate Mariana que ese tu futuro marido es un tunante, dicen que en la aldea de él no hay mujer que se le escape, tiene una labia ese condenado que se conquista hasta la mujer más arisca”. “Huy Marianita, ese José si que no respeta, sabe que somos amigas y vieras las cosas que me dijo”. La pobre campesina tenía que soportar los celos que sentía pero que disimulaba muy bien, pero a veces explotaba cuando su novio llegaba a verla: “Vea José, no quiero saber nunca más que usted anda enamorando a mis amigas y a todas las mujeres que se le ponen enfrente, ya me han contado todas las picardías que usted hace, si sigue así mejor no nos casamos, no quiero que mi marido me deje abandonada recién casada por irse detrás de otra mujer como le ha sucedido a muchas amigas mías”. José sabía que todo lo que contaban a su novia era falso, pero le gustaban los celos de su futura esposa: “Pero Marianita, si no paso de decirles adiós, yo no enamoro a nadie, lo que sucede es que le agarraron el lado flaco y lo hacen por molestarla, no les haga caso, de todos modos tenga la plena seguridad de que no la engaño con nadie porque la quiero ¿sino para que querría fuera mi esposa?”. José era cariñoso y con sus palabras lograba calmar aquellos celos de Mariana, le llevaba regalos, cortaba flores del campo las que envolvía en hojas de plátano y se las regalaba, le llevaba serenatas con sus amigos y le demostraba su amor verdadero. Se acercaba la fecha de la boda y se hacían los preparativos en la casa de la novia. Había un enorme entusiasmo entre los familiares de Mariana porque era la primera hija que se le casaba a don Horacio –que así de llamaba el papá- el sacerdote ya estaba avisado y se había fijado el día y la hora para el enlace matrimonial. En la casa del novio todo era alegría y entusiasmo, sus papás, sus hermanos y demás familiares viajarían primero a la aldea donde vivía la novia y el último en llegar en su hermoso caballo blanco, sería José. El día de la boda estaba nublado pero la gente decía que posiblemente solo llovería en la montaña, de manera que nadie se atrasó para que se llevara a cabo con alegría y felicidad, se había fijado la hora exacta del enlace matrimonial, la cinco de la tarde. A las cuatro y media la iglesia estaba llena de invitados y curiosos, la novia con su lindo vestido blanco y su velo, esperando impaciente que le llegaran a avisar que el novio la esperaba en el altar mayor. Se dibujaron destellos sobre la montaña y el rugido de los truenos se dejó escuchar, desde la aldea se podía ver claramente que caía una tormenta a los lejos. Estaba José elegantemente vestido y en su hermoso caballo emprendió el camino a la aldea vecina donde le esperaba la mujer de sus sueños. Fue así que comenzó a cruzar el río, pero en ese instante las aguas crecieron repentinamente arrastrando al jinete y su caballo, en la otra orilla del río había una comitiva esperándolo y fueron testigos de lo que acababa de ocurrir, vieron cuando José desapareció en medio de la turbulentas y furiosas aguas. La noticia llegó a la iglesia y todos salieron a buscar al novio, los hombres se ofrecieron para el rescate, pero era demasiado tarde. Cuando a Mariana le fueron a comunicar lo sucedido, esta enloqueció y corrió a buscar a su novio, se fue por toda la orilla del río gritando el nombre de su malogrado esposo, desde ese momento no la volvieron a ver a pesar de haberla buscado durante días y noches por la orilla del río. Tiempo después la gente miraba el fantasma de Marina lavando ropa sobre las piedras del río, cuando alguien se acercaba lanzaba unas horribles carcajadas que hacían huir precipitadamente a quienes tenían la desgracia de encontrarla en el río. Pero en diferentes partes del país los hombres tunantes comenzaron a tener las experiencias más terrible, el fantasma de Marina se les aparecía completamente sucia, llena de arena y lodo, de ahí que se le conoció como la Sucia. Cuentan que uno de los primeros en encontrase con ella fue un hombre llamado Enrique García quien tenía fama de ser un tunante de primera, su novia llamada Elena estaba a punto de dejarlo y una tarde se pelearon, de manera que Enrique se fue a un expendio de aguardiente a tomarse unos tragos, de pronto vio que su novia pasó por ahí y la siguió: “Espérenme muchachos, ya regreso”. Elena caminaba presurosa y Enrique detrás de ella la llamaba “Elenita de vida, no siga enojada conmigo... si la quiero, deténgase Elenita que ahí va para el río... espéreme Elenita no camine tan rápido”, pero la supuesta Elena siguió caminando hacia el rió mientras la luna aparecía detrás de unas nubes. Enrique estaba ansioso por hablar con su novia: “Elenita, no sea así voltee a verme ¿qué le pasa?”, cuando la mujer se dio vuelta el hombre descubrió que no era su novia sino que una mujer vieja y horrible que sacando uno de sus pechos le gritó: “JAJAJA, TOMA TU TETA QUE SOY TU NANA”. Con sus pelos parados y su rostro desfigurado por el terror, Enrique llegó al pueblo con los ojos desorbitados y cayó desmayado. De ahí en adelante en muchos lugares de Honduras a los tunantes le sale la Sucia, también a los caminantes les aparece en quebradas y ríos y muchas personas que han ido a pescar de noche en los ríos, aseguran haber escuchado los gritos de una mujer que grita: “Mi novio... ¿DÓNDE ESTA MI NOVIO?”. Muchos ancianos de pueblos y aldeas se han asegurado que la Sucia no es un invento, que es algo real. Don Demetrio vecino de Olanchito me asegura que a él le salió la Sucia cuando era un adolescente, tenía una novia llamada Maura a la que era difícil ver porque los padres de la muchacha la mantenían encerrada y rara veces la dejaban salir, momentos que él aprovechaba para enamorar y decirle lo mucho que la amaba: Vea don Jorge, no le estoy mintiendo, pero una noche que estaba con unos amigos, me sorprendí cuando la vi salir, de inmediato la seguí y le hablé, pero ella no me hizo caso, pero llevaba el mismo vestido con el que la había visto horas de la tarde, su pelo negro y largo le brillaba en la noche, al fin la alcancé y agarrándola de un brazo le pregunte que para donde iba. Casi me muero del susto cuando la mujer se dio vuelta, le vi dos enormes colmillos, la cara envejecida y arrugada y sus ojos... Dios mío... sus ojos, eran como dos pequeñas calaveras, echando una baba pestilente me gritó”Vos no sos mi novio jejejeje... mi novio viene en su caballo para casarse conmigo... tomá tu teta... tomá tu teta jejejeje”, tres meses estuve en cama, delirando, con fuertes calentura, me visitaron sacerdotes y brujos, hasta que las presiones de mi madre logré curarme, yo vi a la Sucia don Jorge, se lo aseguro por esta. Historias como la de don Demetrio se escuchan por todas partes, pero como ya se les ha dicho, no solo hombres tunantes han visto el fantasma de la Sucia, sino que las personas que pasan por los ríos a medianoche. |
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The Key Maker
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Estaremos pendientes SAP, ¿por casualidad no tienes contacto con el por esos lados? O ¿es otro de los que emigro tambien?
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_________________ Think Of Me _______ The Music Of The Night________Wishing You Were Somehow Here Again_______ No One Would Listen. Refrescar, EL Canto A Los Foreros, Rrefrescar ![]() |
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| SAP |
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Kariniuxonia
Invitado
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Yo tengo el libro "Cuentos y Leyendas de Honduras". Costó 150 Lempiras, también de la Litografía López e impreso en julio del 2006. SAP, si querés y para que no se te haga tan pesada la transcripción, yo te puedo ayudar a escribir los cuentos
Ah, y también tengo el otro, "Misterios y Algo Más". Mi suegro me trajo ambos libros hace dos semanas, mi familia me los compró Así que allí me dicen |
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Finding Trinity
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Dele viaje Kariniuxonia. Para no duplicar el trabajo, hasta el momento tengo transcriptos los siguientes: El Cadejo; La bola de fuego; Yo vi al Zipitillo; El brujo de Yamaranguila; y El Salinero.
Gracias por ofrecerse.
No creo Hondureño, cada lunes leo su columna en La Tribuna “Déjenme decirles”. Tampoco lo conozco, pero sé que es un señor ya de avanzada edad. SAP |
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Finding The One "Neo"
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yo tengo el dvd de cuentos y leyendas de Honduras esta buenisimo
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Finding The One "Neo"
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quise decir CD jajja |
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JSE65
Invitado
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[quote="Rikita.net"]
quise decir CD jajja[/quote Rikita no se haga y hagame una copia que le parece?? |
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*WEB-ON*
Invitado
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SERIA BUENO QUE SE TIRARAN UNA HISTORIETA DE DIBUJOS ANIMADOS , NO CREEN ?
QUE SE BUSQUEN DE ESOS ESTUDIANTES DESTACADOS HAGAN UNA COMPETENCIA QUE PRESENTEN UN PAQUIN O DIBUJOS ANIMADOS ASI SE INMISCUYEN CON ESTA PARTE DE LO AUTOCTONO , DE NUESTRAS RAICES. ADEMAS QUE TAL SI CREAN UN PERSONAJE AUTOCTONO FAMOSO O UN VIDEO JUEGO PARTIR DE ESTAS IDEAS. YA TIENEN LA IDEA DE DONDE EMPEZAR ... EL MINISTERIO DE CULTURA , EDUCACION... QUE SE YO |
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| GRASIAS |
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Surfing The Matrix
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GRASIAS SAP, LE AGRADESCO SU ANIMO DE COMPARTIR CON NOSOTROS CUENTOS Y LEYENDAS DE HONDURAS; APROPOSITO TIENE IDEA COMO PODEMOS ORDENAR DESDE USA
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Finding The One "Neo"
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[quote="JSE65"]
MEJOR SE LA VENDO ..... |
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| El Salinero |
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Finding Trinity
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El Salinero
Algodón de azúcar. Fotografía de vendedor ambulante de dulces. Imagen fotografiada desde terraza de un centro comercial en Colonia Palmira, Tegucigalpa 2006. El Salinero fue un hombre pérfido, que se hizo del robo, del incendio y del asesinato, su vida favorita. Esto hace muchos años. La época colonial estaba en su apogeo, época en que el delincuente se le castigaba con severidad, con penas atroces. El Salinero tuvo como teatro de sus perversidades a la pacífica Villa de Santa Cruz de Oro (hoy de Yoro). Narran que propinaba tan horribles machetazos, que hasta el corazón más perverso se horrorizaba al presenciar tan vil espectáculo. Esgrimía admirablemente la “cutacha”. Una vez estando de “parranda” en un pueblo se enamoró tanto de una guapa joven que apostó que dejaría ser Salinero si no se adueñaba de ella. La niña le huía, pues era su representación tan tosca que infundía pavor. El no despreciaba las ocasiones para dirigirle frases amorosas. Un día la niña bajo al “ojo de agua” para llevar el precioso liquido, él, escondido tras un matorral la asaltó asiéndola, cual un relámpago se la llevo. La hizo su compañera y como no tenía casa de habitación la llevó a una cueva. Pasaron los días... la fama del Salinero cundió a maravillas. Las personas no eran dueñas ni de sí mismas. Por todas partes oían los siniestros relatos del gran asesino. Con gran lujo arreaba con destino a los puertos de partida de ganados que muy bonitamente apercibía de las haciendas. Fue tan audaz que siempre se burló de las escoltas: en cierta ocasión tuvo noticias la autoridad de que por allí andaba Salinero; inmediatamente se organizó un gran auxilio, yendo a la cabeza el señor Alcalde, quisieron sorprender y apresarle; pero él con una presteza admirable, desenvainó la cutacha, mató al Alcalde, a otros los dejó rendidos, medios muertos y los que pudieron tomaron las de Villadiego. Las autoridades estaban exasperadas. Los hechos de sangre eran alarmantes. Siempre se apostaba a la vera de los caminos, asaltaba al viajero, le robaba y santas pascuas. Nadie por hombre que se tuviera, estaba seguro de salir triunfante y las gentes cuentan que tenía piedras y es por eso, que siempre le rodeaba la suerte en todas sus aventuras. Asegúrase que tenía a su cargo cuatro mujeres. Los tribunales de justicia tomaron cartas activas en el asunto y lo declararon fuera de la ley. Fraguaron un plan para apresarlo. Desde luego, la señora poco aprecio le tenía y ésta se ofreció que tal día a tal hora, cuando él estuviera bien dormido, ella estaría alerta para avisarlo a la escolta que, cautelosamente y a la expectativa se colocaría allí cerca. Así fue, lo apresaron y lo trajeron a la Villa antes dicha. Era adicto al juego y alguien dice que para capturarlo, una vez que jugaba naipe le escondieron la sota de bastos. Se siguieron las diligencias y penado a muerte fue ejecutado: el cadáver la partieron en cuatro partes y en presencia del público; después cada parte la sepultaron a la salida de cada uno de los cuatro caminos principales; esto era para que sirviera de “ejemplo a las generaciones venideras”, a la usanza de los conquistadores españoles. El verdugo que lo ejecutó vino de Comayagua. Aún existen los calpules y siempre que uno pasa por esos lugares, deposita una piedra para ganar la indulgencia a favor de aquella alma en pena. El relato que nos aventuramos exponer es auténtico. En el archivo del Juzgado de Letras de este departamento se encontraba el proceso que databa de los últimos años de la dominación española; pero desgraciadamente por el proceder tan reprochable de nuestra mal llamada revolución, se ha perdido tan preciado documento. La tradición narra que Salinero era un joven honrado en toda prueba más un día le cobraron las contribuciones y habiéndose rehusado a pagarlas, la autoridad se echó sobre él; comenzando desde aquel momento su vida de troglodita. Su verdadero nombre era.... |
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| LOS DOS VOLCANES (PIJOL Y AYAPA) |
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Kariniuxonia
Invitado
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"Ah mis tiempos..." suspiran los ancianos moviendo la cabeza, mesándose los cabellos y sobando sus largas barbas, y tras una profunda filosofía moral, narran que el Misionero Subirana cual un profeta de verdad, pronosticó todo, todo, lo que ahora está sucediendo...
Dijo, que las compañías extranjeras vendrían y apropiándose de los terrenos, serían ricas y que al hijo del país lo expulsarían a vivir en las montañas abruptas; que las guerras serían continuas; que trabajáramos para no morirnos de hambre, que el chapulín asolaría las sementeras y que los santos saldrían dibujados como pichingos. Y luego los venerables ancianos, después de un éxtasis profundo, continúan. - El volcán de Ayapa es de fuego y el de Pijol es de agua; el Misionero dijo que cuando Dios mire que somos ya insoportables hará que el Ayapa vomite fuego, a manera de reducirlo todo a cenizas; pero entonces la Virgen María que siempre media en la cólera de nuestro Señor, hará que el Pijol bañe con sus grandes montañas de agua la tierra, evitando así el exterminio de las llamas voraces. Esto lo narran respetables ancianos, haciendo comentarios de aquellos tiempos ya idos, cuando la pureza del alma era primordial virtud de las gentes. |
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| El Cadejo |
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Finding Trinity
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El Cadejo
Hato de Gones. Arriando ganado a beber hacia una quebrada del río Jalán, tributario del Patuca. Imagen captada durante estadía de trabajo cerca del caserío Gones en el municipio de Guaimaca, a unos 60 kilómetros al noreste de Tegucigalpa. 2006. Eran las tres de la tarde cuando llegamos a la modesta pulpería de don Félix en un de los barrios de Catacamas. Mientras atendía a sus clientes se ufanaba de haber sido en un tiempo un hombre que más conquistas amorosas había logrado por aquellos lugares. “Ah no amigo Montenegro, yo no era del que llevaba serenata a las muchachas, o que les daba papelitos, a puro verbo me conquistaba a las mujeres que me gustaban”. Apoyando sobre un bote lleno de galletas y mientras espantaba las gallinas que curiosas entraban en la pulpería, don Félix prosiguió: Vea Montenegro, a mí me salió el cadejo por esas cruces, fue algo espantoso, como decirle que no me explico cómo salí vivo de aquel callejón, cerca del cementerio. Me gustaba mucho Marianita, una chiguina bonita, con caminadito de potranca y con unos pechos como cumbos. Siempre que pasaba por el callejón, cerca del cementerio, me quedaba viendo desde la ventana de su casita se asomaba con aquel pelo largo que daba gusto verlo le brillaba intensamente, y mi mal ha sido ese, las mujeres de pelo largo. Un día estuve esperándola hasta que salió de su casa a traer agua al pozo, me fui detrás de ella despacito para no asustarla, “porque las mujeres son como los pájaros, se asustan con facilidad y en eso si era cuidadoso”. Por fin cuando ya había llenado su balde de agua, le salí al paso y le conté que tenía noches enteras de estar contando las estrellas y pensando en ella, le dije que en el maizal ya tenía apartado los elotes más grandes para ella y finalmente le dejé ir aquellas palabras... vea Marianita usted tiene que se mía. La viera visto como se puso la cara chapuda, pero luego se rió conmigo, y aquella sonrisa se me quedó clavada en el corazón. Total que me puse loco por Marianita, loco de remate. Los amigos que sabían como era yo con las mujeres, me hacían bromas: “dejá de andar por ese callejón del cementerio que te van asustar de repente”. Pues para no cansarlo don Jorge, Marianita fue mía una tarde cayendo un aguacero caballo. Nos mirábamos a escondidas y ella se escapaba de la casa a medianoche, cuando todos estaban dormidos. Una noche, cuando regresaba de un velorio, me acordé de la cita y fui al callejón a esperar a Marianita, había estrellas y la noche no era tan oscura. De repente miré que al lado del cementerio salía un perro negro que se fue arrimando a las casas, aquello no me asusto porque muchos perros se metían al cementerio a cazar conejos. Sin embargo cuando mire la otra vez para el sitio donde estaba el perro, ya lo mire más grande, sentí que la columna vertebral se me hacía como hielo, un escalofrío recorrió mi cuerpo, quería moverme pero no podía, estaba como clavado en el suelo, el perro negro seguía creciendo, sus ojos se fueron convirtiendo como en brasas, rojos... rojos... a medida que se iba acercando hasta dónde yo estaba crecía y crecía, se hizo del tamaño de la casa de Mariana, quise gritar pero no pude, una fuerza extraña me mantenía inmóvil, rápidamente se me vino a la mente de gritar, tenía que hacerlo para salvar, el animal se acercaba más y más, las manos, la frente, todo el cuerpo me sudaba, era un sudor helado, tan helado como mi columna vertebral que parecía hielo... hice un esfuerzo sobrehumano y al fin salió aquel grito de mi boca... ¡Dios Mío sálvame! El animal lanzó un aullido espantoso como si algo lo hubiera golpeado, corrió otra vez hacia el cementerio y a medida que corría se iba haciendo pequeño hasta que desapareció detrás de unas tumbas. En ese momento Marianita salió, al verme se me acercó... no sé que cara me vio o que fue lo que miró pero salió corriendo asustada y se metió en la casa apresuradamente. No sé cuanto tiempo estuve parado ahí, solo recuerdo vagamente que me estaba poniendo ruda y agua florida... me llevaron a casa de una tía. Cuando pude hablar conté lo sucedido y todos estuvieron de acuerdo que me había salido el cadejo. Me salió el cadejo negro. Poco después y hablando con los ancianos del lugar, me di cuenta que el cadejo negro es malo, que también sale un cadejo blanco y le hace favores a la gente. ¡Desde entonces don Jorge! Quedé curado de la tunantiada. Y que pasó con Marianita, le preguntamos. Arreglándose el bigote y con una amplia sonrisa contestó, Marianita se fue de aquí al día siguiente y hasta la vez nadie nos da razón de ella. Yo creo que se la llevó el cadejo o algo le sucedió. Esta fue la historia que sobre el cadejo nos contare don Félix Miralda en Catacamas, departamento de Olancho. |
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| Yo vi al Zipitillo |
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Finding Trinity
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Yo vi al Zipitillo
Vida pulpera. Joven dependienta atendiendo el negocio familiar. Pulpería “La Chureca”, entrada a Choluteca, 2006. Don Ramón López campesino de Comalí pintoresco lugar de la zona sur nos invitó a su casa ubicada cerca del campo de fútbol, encendió un puro cañón rayado y después de chuparlo con deleite lanzó una bocanada de humo que hizo temblar a los zancudos hasta en el último rincón. “Ve don Jorge, me gusta mucho su programa de Cuentos y Leyendas de Honduras y jamás escuché que usted se refiriera al Zipitillo”. Yo había oído hablar del zipite un extraño personaje que según la tradición vive en los lugares donde abunda el carbón y hollín, de vestir andrajoso, descalzo e inofensivo. El Zipitillo aparece generalmente en Semana Santa causando el temor de las personas que lo encuentran en los caminos y veredas. También habían escuchado relatos informales de el Zipitillo, y con la curiosidad por saber más del personaje aludido pregunté a don Ramón: ¿Quién ha visto al Zipitillo por ésta región? Antes de contestar le dio otra chupada al puro y con una sonrisa que denotaba cierto orgullo manifestó: Yo lo vi don Jorge... o mejor dicho lo vimos cuatro personas. Usted sabe que los campesinos nos fajamos desde la madrugada hasta la puesta del sol trabajando la tierra... antes de la llegada del invierno y según el vuelo de las golondrinas sacamos nuestros cálculos para ararla con amor, porque a la tierra hay que darle cariño. Los primeros granos de maíz los recibe con el mismo amor que nosotros le damos y cuando nuestro sudor cae sobre ella, se estremece emocionada y comienzan a germinar las semillas. Ahí es cuando comienzan los celos de los cardos, de las espinas y de toda la maleza que quiere destruir el fruto de nuestro trabajo, luchamos entonces para que las matas de maíz vayan creciendo y nos peleamos con la maleza, la atacamos como en una gran guerra hasta que terminamos destruyéndola. La tierra agradecida se vuelve más negra y suave, permitiendo que las raíces saquen los elementos necesarios para que vengan elotes fuertes y grandes... surgen de nuevo el peligro sobre los frutos de nuestro trabajo y comienza la guerra de los zanates, de los cuervos y las urracas, colocamos espantapájaros y ordenamos a nuestros hijos que permanezcan alerta con sus hondas de hule... éstos animales que presienten el peligro; arman escándalos en los árboles cercanos, pienso que talvez están con cólera porque no los dejamos picotear nuestros elotes. La gente de las ciudades no sabe lo que cuesta un elote señor Montenegro, solo fruncen la cara cuando les damos el precio. Y así aguantando sol y agua van pasando los días y las semanas hasta que el maíz da punto y comenzamos a doblarlo llenando las cargas. Sigue pasando el tiempo y al llegar la temporada en que las matas están completamente secas, les metemos fuego. Como le decía éramos cuatro personas las que terminábamos de darle fuego a la milpa, hacía un sol abrasador y nos sentamos debajo de un árbol a descansar; de un cumbo de agua tomamos todos porque el calor era insoportable, yo me levanté del sitio en que me encontraba para hacer aguas y me llamó la atención algo que se movió en medio de las cenizas y el humo, creí que estaba soñando o que el calor me hacía ver cosas, llamé a mis amigos y señalando con el dedo les dije que se fijaran en línea recta porque algún animal estaba entre las cenizas. Uno de mis amigos dijo que era imposible que anduviera un animal en medio de las cenizas calientes y todos estuvimos de acuerdo con él, pero ahí había algo que saltaba entre las piedras como capeándose las brazas. Nos escondimos detrás de un cerco de piedras y estuvimos con la mirada fija en un solo punto, el humo no nos permitía ver bien. Así estuvimos por largo tiempo hasta que llegó la brisa de la tarde y fue despejando la milpa quemada, entonces vimos a un hombre pequeñito alimentándose de la flor de la ceniza. ¡Era el Zipitillo! La huellas de sus diminutos pies estaban por todas partes. Nos miramos unos a otros con asombro y cuando nos asomamos detrás del cerco para verlo mejor, el Zapitillo salió disparado como una bala, corrió sobre el agua del río y se escondió quien sabe donde. Ahí estaban sus huellas como testimonio, ninguno de los cuatro estaba loco, era imposible que nos imagináramos lo mismo. Llegamos contando lo sucedido al pueblo y casi toda la gente vino a ver las huellas que dejó el Zipitillo. No le estoy mintiendo don Jorge, puede preguntarle a los más viejos. Un día platicando sobre el mismo asunto con un andarín uno de esos hombres que anda por todas partes, me dijo que pocas personas en el mundo han logrado ver al Zipitillo, aunque siempre deja huellas después de alimentarse con la flor de la ceniza de las milpas quemadas, en otras nosotros tuvimos suerte, mucha suerte porque lo vimos. También dijo el andarín que el Zipitillo es gran amigo del Duende y a veces se les escucha jugando en medio de los carbonales. Como la imagen de ese hombrecito se me quedó en la mente, un día de tantos, me puse a dibujarlo... ¿quiere ver mi dibujo? Dando más chupadas a su puro saco de un viejo baúl una hoja de papel, ahí esta dibujado el diminuto ser que habían visto en la milpa. Claro que no soy un gran dibujante –dijo, pero se parece bastante. Había dibujado la figura de un hombre pequeño, delgado con grande orejas y brazos largos, su carita, según el dibujo, parecía la carita de un mono, tenía poco pelo en la cabeza y vestía muy bien. Si señor Montenegro, así ese señorcito, orejón, brazos largos y cara de mico... sabemos también que es tímido y cuando el Zipitillo come de una milpa quemada, la próxima siembra es abundante y buena... nunca más volví a verlo, pero sus huellas, las señas de sus pequeños pies, las he visto muchas veces... es como esos venaditos que se asustan con facilidad. Nos despedimos de don Ramón, agradeciéndole sus atenciones y especialmente el dibujo que nos regaló y que ahora ustedes han vistos en estas páginas, es el dibujo original. De más está decirle que después de permanecer en aquella casa, aguantado el puro de don Ramón salimos peor que una milpa quemada. NOTA: Dibujo original no esta incluido en la publicación, contiene bosquejo por un tal C. Paguaga. SAP |
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| El brujo de Yamaranguila |
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Finding Trinity
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El brujo de Yamaranguila
Quequitos Copa Mundo 2006. Panadería de mi barrio aprovechando la euforia de la Copa Mundo, junio 2006. Si mi geografía no me falla, las banderas de las reposterías ordenadas de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha son: Francia, Corea del Sur, Suiza, Australia, Croacia, Japón, Ghana, Republica Checa y Brasil. Lastima que la señora no hace “cupcakes” Motagua. En una calurosa tarde del mes de marzo de 1939, Isidoro Claros, comandante cantonal de armas, se encontraba trabajando su pequeña fragua, dedicado a la fabricación de candelabros, candiles, cacerolas y el remedio de una que otra cubeta. Escucho voces en la lejanía y poco después, el sonido de pasos que se confundían con el crujir de ramas y hierva seca. Salió a la puerta y vio la figura de cuatro personas extrañas. Poca gente se aventuraba a pasar por aquellos caminos remotos de “La Soledad El Cedro”, por temor a perderse en el laberinto de veredas montañosas y escarpadas. Los ojos pequeños de Isidoro examinaron con atención a los viajeros, quienes al verlo se detuvieron a pocos pasos de la vivienda. Se trataba de un hombre de unos treinta años, una mujer de edad indefinible y dos pequeños, un niño y una niña. -¡Buenas tardes señor! –Dijo con un susurro el hombre. -¡Buenas! –Contestó secamente Isidoro. ¿Qué vientos le trae acá? -Ando buscando trabajo. ¿Me puede decir cual es el camino a la hacienda del doctor Pablo Fiallos? Isidoro, un hombre de pocas palabras, se limitó a señalar con el índice, después entró a su rancho. No le gustaba nada la traza de aquella gente. Habían pasado unos diez minutos cuando un muchacho sudoroso entró presuroso a la humilde vivienda de Isidoro. -Isidoro. Le traigo una nota del comandante local de Jesús de Otoro, dice que es urgente. La dichosa carta era breve y autoritaria: “Sírvase capturar al individuo Juan Pablo Reyes, indio de Yamaranguila. Se le acusa de haber robado ciento diez lempiras al señor Catarino Montoya. Lo acompaña su mujer y dos niños. Mándelo a buen recaudo, es muy peligroso”. “Me han informado que fue visto en ese cantón”. Debajo de la nota había una firma dibujada con el alegre estilo de los buenos pendolistas de aquellos días oscuros. Isidoro improvisó una escolta de tres soldados, y armado de sendos machetes se dirigieron a la hacienda del doctor Fiallos. En la casa se encontraba el mayordomo Concho Alvarado, quien se entretenía remendando algunos matates. Registraron palmo a palmo la vivienda y no encontraron nada, pero al consultar, éste les indicó que las personas de quienes hablaban habían pasado de paso por el camino a “Yalala”. Dos kilómetros más adelante dieron alcance a Juan Pablo Reyes y su familia. Isidoro ordenó a Filiberto Mejía, un experimentado ex-soldado de la temible guarnición esperanzana, que amarrar fuertemente al preso, y así lo hizo. El preso quedo templado como dicen los ponedores de leña en aparejo los brazos unidos por detrás con un lazo y los pulgares enlazados con cáñamo acerado. La escolta emprendió camino de regreso. Juan Pablo Reyes caminaba adelante como se acostumbraba en los envíos de capturados por el sistema cruel de las “cordilleras”, donde a falta de carreteras el apresado atravesaba a pies veredas, lomas y montañas, seguido de los custodios, hasta llegar al pequeño presidio o la presencia de los fieros mayores de plaza. No había caminado unos diez pasos, cuando Filiberto gritó asustado: -¡Ayúdeme! Se me soltó esté cabrón. En un momento Pablo Reyes fue rodeado. Efectivamente estaba completamente suelto, el lazo y el cáñamo a un lado del camino, sin señales de nudo. El indio se reía y miraba con burla a sus captores. Lo volvieron a amarrar y se soltó una y otra vez; Isidoro pensó que algo anormal estaba sucediendo y ordenó que desnudaran completamente al indio. Lo que encontraron los llenó de asombro: el hombre tenía amarrado en los testículos una piedra negra y reluciente, a un lado tenía cierta semejanza a un ojo de gato, en el otro formaba un arco que despedía luces. Lo vistieron cuidadosamente y lo amarraron nuevamente... y otra vez se soltó. Esta vez, todos se pusieron a temblar. Isidoro ordenó que desnudaran a la india. Así lo hicieron. En la prenda intima encontraron costurada hábilmente una bolsa pequeña, en su interior un “chupuste” de pelo que formaba un sapo que tenía clavados cinco alfileres que formaban cabeza y patas. Allí mismo doblados estaban los billetes robados... en total ciento diez lempiras. El indio fue amarrado y a medida que el lazo y el cáñamo apretaban su carne, gritaba como condenado. Isidoro cumplió con la orden entregando al prisionero y los extraños objetos al comandante local de Jesús de Otoro, regresando complacido a su casa. Pero la historia no termina allí... Corría el año 1960, habían transcurrido veintiún años después de los sucesos misteriosos que hemos relatado. Isidoro había mucho que había traslado su residencia a Jesús de Otoro. Y una mañana mientras se encontraba en su casa dedicado al oficio de hojalatero, tocaron a la puerta, perezosamente quitó la tranca. Isidoro se llenó de terror. ¡Parado en la puerta se encontraba el indio Juan Pablo Reyes! Riendo burlón, con la misma ropa de día de la captura, si un año más... Habló sin alterar su voz. -Vengo por mi piedra. Vos la tenés desgraciado. Isidoro le explicó que el día de la captura se le había entregado al comandante local, y éste había muerto hacía mucho tiempo. El indio no dijo nada, se dio media vuelta y se dirigió a la cantina de Carmen Castillo. Pidió un litro de guaro y dijo, haciéndose oír por los parroquianos: -¡Juro por el diablo que mataré a Isidoro Claros y beberé su sangre! Luego se empino la botella hasta el fondo. Súbitamente se desplomó. ESTABA MUERTO. La viuda y los dos muchachos se quedaron a vivir en Jesús de Otero. Isidoro quedó, por ésta circunstancia ligado a una cadena de acontecimientos sobrenaturales. Todas las noches una chancha enorme y una pequeña entraban en su casa, destruían las plantas y se comían el maíz de las prensas. Isidoro disparaba a los animales con su pistola pero no les hacía el menor daño. Noche tras noche los animales entraban, comían, destruían y se retiraban gruñendo espantosamente. Una viejita del pueblo dio la solución a Isidoro. Le recomendó marcar con una cruz el plomo de las balas, lo cual hizo un día que prometía una noche despejada, y se puso a esperar. Bien entrada la noche, Isidoro vio aparecer a los animales, disparándoles en el primer momento una andanada de tiros. El animal pequeño chilló lastimeramente y se fue arrastrando sus patas, el segundo lo siguió. Tres días después Isidoro y su amigo Antonio “El Soldado” fueron al sector de Santa Cruz para realizar una diligencia. Regresaron cuando el reloj de la iglesia daba doce campanadas. Caminaban y sentían un silencio sobrecogedor, ya al pasar a la altura de “la rural” escucharon un lamento en una casa de la vecindad, se acercaron, vieron las puertas abierta. A sus ojos se ofreció un cuadro escalofriante. La viuda de Juan Pablo Reyes estaba sentada en el suelo, tenía en sus piernas la cabeza de su hijo, quien tenía una de sus piernas ensangrentadas. No se ha vuelto a saber de un suceso semejante. Isidoro vive aún en el pueblo de Otoro, luce viejo, ya se han alejado los bríos de la juventud. Hace muy poco tiempo nos hizo el relato, sin antes advertirnos sentenciosamente: -Pocos creerán mi historia... pero yo sé que la vida tiene misterios y cosas terribles, grandes y profundos, que nadie puede explicar. |
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| CUENTOS Y LEYENDAS |
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Surfing The Matrix
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[quote="Rikita.net"][quote="JSE65"][quote="Rikita.net"][quote="Rikita.net"]yo tengo el dvd de cuentos y leyendas de Honduras esta buenisimo
quise decir CD jajja[/quote Rikita no se haga y hagame una copia que le parece??[/quote] MEJOR SE LA VENDO ..... RIKITA a mi tambien me gustaria una copia, vendamela o digame donde puedo comprarla, o mejor aun ponga el file en un post. Se lo agradeceremos mucho todos los hondureños que alguna vez disfrutamos de estas historias |
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_________________ SI BUSCAS LA VERDAD, PREGUUUNNTEMEE!! VIDA CAMPEON, VIDA CAMPEON ES EL GRITO QUE REPITE LA AFICION!!! ESA VIDA JUEGA PAP! [img]http://honduras.com/catracho-forum/images/avatars/1828832125461540e490f7d.gif[/img] |
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| Re: CUENTOS Y LEYENDAS |
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Finding The One "Neo"
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[quote="RICKY91"]
OKK MANDENME UN PRIV CON SU DIRECCION Y SE LAS ENVIO A AMBOS!! |
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| aki va mi aportacion |
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BONITA
Invitado
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La chumpa sobre la lápida
Esta historia es en la ciudad de Tegucigalpa, Honduras, la cual es la capital de nuestra querida república. El clima es fresco pues se cuenta con muchos árboles por lo que no es nada raro el que llueva fuertemente para las épocas de Invierno. Carlos (como le llamaremos) es un taxista que cubre una de las tantas rutas de Taxis de Tegucigalpa. Un fin de semana Carlos decidió ir con unos amigos a una de las discos ubicadas en el Boulevard Juan Pablo II a pasar un buen rato entre tragos, baile y comida. Resulta que Carlos en la disco conoció a una chica muy bonita a quien llamaremos Ana. Ana no quería hablar con Carlos a pesar de los intentos de éste por conquistarla pues él había quedado prendado de ella por su belleza. Al cabo de un buen tiempo la joven cedió después de tanto intento del pobre Carlos. Tomaron unos tragos y comenzaron una plática muy amena. Ana comenzó a sentirse atraída por Carlos, por su manera de tratarla y hacerla sentir, la hacía sentir muy dichosa, eso lo irradiaba con una gran sonrisa. Siguieron en la disco y luego de unos tragos comenzaron a bailar. Ya entrada la madrugada -como a las tres de la madrugada- Ana le dice a Carlos que se debe ir a su casa. Carlos enamorado de ella viene y le dice que le va a dar aventón (la llevará en su carro), y ella acepta. Caía una lluvia muy fuerte de la cual no se habían percatado debido al alto volumen de la música. Carlos mostrando su cortesía extendió su chumpa (abrigo) de cuero sobre Ana para cubrirla de la lluvia. Una vez dentro del vehículo Ana estaba tiritando por el frío y Carlos le dijo que se pusiera la chumpa para que estuviera más caliente, luego le preguntó por dónde iba y Ana le dio una dirección apartada y cercana a un cementerio llamado Santa Anita. A Carlos se le hizo corto el tiempo por lo enamorado que estaba de de la bella joven. Finalmente llegaron. La lluvia persistía. Ana le señaló a la distancia su casa. Él le dijo que pasaría por su casa al día siguiente para recoger la chumpa y sin decir más le dio un beso tierno. Ana se rió con él y le dijo que estaba bien. A la mañana siguiente Carlos va nuevamente a la casa de Ana. Toca la puerta y aparece una anciana. Carlos la saluda y le consulta por Ana. La señora está como sorprendida y le dice a Carlos que no bromee. Carlos le dice que recién conocía a Ana del día anterior y que venía a recoger su chumpa (aunque por dentro deseaba ver nuevamente a Ana). La señora muy nerviosa le dice a Carlos que Ana había muerto hacía algunos años y para mostrárselo fueron al cementerio Santa Anita y allí, para horror de Carlos, se encontraba la chumpa sobre la lápida de Ana. Carlos quedó muy mal de salud luego de lo ocurrido. Pero éste es sólo uno de los muchos casos que se cuentan en nuestra Honduras desconocida. Cuidado con las chicas atractivas por las noches |
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| Aportaciones |
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Finding Trinity
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Gracias Karina y Bonita por sus aportaciones, las alentamos a que continúen colaborando. Exhortamos aquellos con textos de Jorge Montenegro en su poder (¿Rikita.net?), a que nos den una asistencia con la trascripción de sus cuentos y leyendas. Anímense y prestemos un servicio a los muchos compatriotas fuera del país que añoran Honduras y desean leer un poco de nuestro folclor. SAP
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| La bola de fuego |
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Finding Trinity
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La bola de fuego
Niño y perro #7. Serie fotográfica de chiquillos con canes. Barrio Campo Cielo, Comayagüela, 2005. Imagen editada: recorte, ampliación y saturación de colores. Hace muchos años en el puerto de San Lorenzo ocurrió un caso que todavía se comenta entre los viejos del lugar. Pancho Tercero, de origen nicaragüense vivía en la entrada de San Lorenzo en una pequeña casa de aldea, se dedicaba a la pesca, con lo que proporcionaba el sustento diario de su familia. Salía en la madrugada a tirar anzuelos y regresaba horas después con una buena cantidad de curbinas, pargos y meros, listos para cocinar. Los pescadores afirman que Pancho era un hombre con suerte, había ocasiones en que ellos pescaban poco y él siempre regresaba con bastante pescado. Buen padre de familia, responsable, afable, sin vicios, era casado con una hondureña humilde y callada, habían procreado tres hijos, dos varones y una niña. Un viejo marino siempre llegaba a la casa de Pancho en horas de la tarde y relataba a los niños las más extrañas historias de piratas y de famosos lobos de mar. Sara, que así se llamaba la esposa de Pancho preguntó al viejo: ¿Qué sabe de la bola de fuego don José? El viejo iluminado por las llamas que salían del fogón, se pasó la mano por su espesa barba blanca, se puso de pie y señalo hacia las montañas y empezó su narración: ¡Ahí en esas montañas la he visto varias veces, pero jamás he logrado alcanzarla! Pancho intrigado miró las montañas y pregunto: ¿Existen entonces? El viejo marino movió su cabeza como sacudiendo mil recuerdos: “Si la bola de fuego existe... muchos vecinos de la zona sur la hemos vistos. La primera vez que la vi tenía 18 años, era un muchacho curioso y anduve preguntando de casa en casa sobre la bola de fuego, era un tesoro inmenso, que había que conseguir un pañuelo blanco, sin ninguna mancha para poder amarrarla, de todo aquel que logró atrapar la bola de fuego se hizo rico. Por eso durante muchos años anduve detrás de la bola de fuego y, hasta la fecha, cuando ya peino canas nunca logre atraparla. Olvidaba decirles que quien atrapa la bola de fuego, tiene que meterla dentro de un baúl y al siguiente día encontrará un inmenso tesoro”. Sara sirvió las tazas de café y siguió atizando el fogón que Pancho había construido fuera de la casa, siguiendo la vieja costumbre campesina. Después de tres sorbos del aromático café, el viejo prosiguió: “También hay un secreto; les decía que hay que tener suerte, valor y velocidad para atraparla, pero hay algo más, hay que llevar una cruz en la mano izquierda y el pañuelo en la mano derecha, al alcanzar la bola de fuego se lanza la cruz sobre ella y entonces se quedará suspendida en el aire, luego hay que actuar con velocidad para atraparla con el pañuelo blanco, limpio sin manchas”. Los niños no salían de su asombro, y todos volvieron sus rostros hacia las montañas, con esperanza de ver la bola de fuego. Pasaron los días y una mañana los marineros y pescadores eran portadores de mala noticia: ¡El mar está enfermo... el mar está enfermo! Los vecinos corrieron hacia el mar y vieron que se llenaba de burbujas viscosas, unas burbujas que se contaban por millones. El viejo José se encargó de calmar a los vecinos: “No tengan miedo... hasta el mar se enferma... esa se llama viruela marina y no dura más de seis días... es saludable que suceda eso le suceda al mar, así que no pesquemos durante esos seis días y busquemos otra manera de ganarnos la vida, que nadie se alarme y que nadie se bañe en el mar”. Pero esos seis días para Pancho serían muy caros. ¿Cómo llevaría el sustento diario a su familia? Pensó en atrapar unos garrobos para hacerlo en sopa, pero desistió de la idea, sabía que a sus hijos no les gustaba ese animal, pensó muchas cosas más y al final decidió solicitar crédito donde sus amigos del mercado. “Ve, voy a llevar un pañuelo blanco por si las dudas”. Y como reza el refrán “del dicho al hecho hay poco trecho”, compro un gran pañuelo blanco con la esperanza de que un día apareciera la bola de fuego en el cerro que estaba ubicado frente a su casa. Como de costumbre don José llegaba por la tarde a contar sus historias de piratas y aparecidos que fascinaban y a todos los de aquella casita de abobe. “No sé si les conté, una vez me asustaron por andar de incrédulo... fue allá en San Marcos de Colón... me había advertido que en el río salía el fantasma de un gigante, no creí tal cosa y me burlé muchas veces de quienes me contaban la historia de fantasma. Una noche decidimos ir de pesca al río con varios amigos, cada uno escogió el lugar que mejor le pareció para lanzar el anzuelo y sentarse a esperar, yo me quedé bajo un frondoso árbol. La luna iluminaba perfectamente y el viento arrastraba las hojas por la orilla del río. De pronto vio una sombra que se proyectaba sobre las rocas... seguramente una nube, pensé, pero luego escuché unos pasos sintiendo que la tierra temblaba... era el Gigante de la noche, algo espantoso que me dejó mudo durante siete días... eso me paso por incrédulo”. Pancho saboreaba el relato del viejo marino... desde la cumbre de la montaña bajaba lentamente la bola de fuego, el viejo José animando a Pancho exclamó: “Corré Pancho... la bola de fuego te dará tiempo, yo lo conozco... síguela, no la dejes ir”. Animado por aquellas palabras Pancho se metió en la bolsa de su camisa el pañuelo blanco que había comprado ese día, en su mano izquierda agarró una vieja cruz de plata que conservaba desde hacía varios años y emprendió veloz carrera rumbo a la montaña. La Bola de Fuego se mantuvo inmóvil como esperando al que corría a su encuentro... corriendo entre zarzas y espinos herido de brazo, piernas, manos y rostro llego a la falda de la montaña y al instante la bola de fuego se colocó frente a él, como retándolo. Pancho estaba cansado, pero su voluntad de amarrarla era más fuerte, y antes que ocurriera otra cosa, lanzó la cruz, sacó el pañuelo y con una velocidad increíble logró atraparla. Casi amaneciendo regreso a su casita de adobe... todos lo esperaban con ansiedad, el viejo José se frotaba las manos nervioso al ver que las manos de Pancho estaban iluminadas, lanzó un suspiro de satisfacción. ¡Papá agarró la bola de fuego! Gritaron los niños. Había lagrimas en el rostro de su mujer. Pancho casi no podía hablar abrió un viejo baúl y deposito ahí el preciado tesoro que tanto esfuerzo le costó. Su mujer y el viejo lo colmaron de atenciones, le curaron las heridas, le sirvieron una taza de hojas de naranjo. Cansados y después de comentar lo sucedido, se acostaron, era la siete de la mañana cuando Pancho abrió sus ojos, le dolía el cuerpo y las heridas le inflamaban la piel... lentamente abrió el baúl y descubrió collares de perlas joyas, dinero, monedas de oro y plata, en fin un fabuloso tesoro. Y cuentan que Pancho, don José, doña Sara y sus hijos se fueron a vivir a los Estados Unidos para disfrutar de aquella inmensa riqueza que les dejo la bola de fuego. Aún, hoy en día hay quienes han visto bajar de las montañas la bola de fuego, pero nadie a tenido el valor de buscarla y atraparla |
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| El Gritón |
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El Gritón
Se hacen rótulos. Pequeño negocio ambulante dedicado a pintarrajear números de taxis y buses y duplicación de placas vehiculares. Estampa tomada en una tarde lluviosa en el barrio Sipile de Comayagüela. 2005. Cuenta los vecinos de Belén, que cuando ese barrio comenzaba a organizarse se registró un hecho de sangre sin precedentes en aquella época. Un hombre, enloquecido por el alcohol, llegó a medianoche a la casa de su madre exigiéndole que le dijera por qué razón la había abandonado su padre cuando él era un niño. Armo escándalo que obligo a los vecinos a salir de sus en defensa de la señora obligándolo a retirarse del lugar. Las cosas empeoraron para la pobre anciana, padecía de artritis, de alta presión y cada vez que llegaba su hijo en estado de ebriedad sentía la muerte cerca. Como el alcoholismo es la más cruel de las enfermedades que azota a la humanidad, enfermedad progresiva que ataca el cuerpo y la mente, fue atacando al protagonista de ésta historia, de tal manera que se volvió irresponsable, mal hijo, mal padre, mal amigo, envidioso y con todos los defectos de carácter, ebrio escuchó una voz suave: “Hijo... tu padre me abandonó porque era un borracho irresponsable... cuando te des cuenta del crimen que has cometido sufrirás... sufrirás...” Al decir aquellas palabras cerró los ojos. Camilo, que se llamaba el matricida, salió de su casa con sus ropas ensangrentadas, tambaleándose y rugiendo como bestia se perdió en la oscuridad de aquella terrible noche, al día siguiente las autoridades practicaban el reconocimiento del cadáver y en una pequeña caja de cartón colocaron la cabeza. Los curiosos se contaban por decenas y los vecinos entrevistados por las autoridades no vacilaron en afirmar que el asesino era el hijo de la pobre anciana. “Sin duda fue Camilo... varias veces vino aquí con intenciones de matarla. Cada vez que se emborrachaba la quería matar. Muchas veces evitamos que lo hiciera, pero anoche no escuchamos más que unos golpes en la puerta y luego todo quedó en silencio”. Por sugerencia de los familiares el cadáver sería velado esa noche en la misma casa donde ocurrió el crimen. De todos los barrios acudieron personas piadosas con ofrendas florares pues la noticia se regó por toda la capital. A las diez de la noche y cuando los asistentes al velorio contaban chismes jugaban cartas a la luz de una luminaria de ocote se escuchó un grito aterrador que heló la sangre de todo el mundo. La gente salió de la casa para averiguar que estaba sucediendo, los hombres que estaban jugando cartas se pusieron de pie y trataron de adivinar quien había lanzado aquel grito en medio de la oscuridad. Nuevamente se escuchó el terrible grito, pero ésta vez no provenía del monte cercano sino que del cielo. Todos volvieron sus cabezas hacia arriba y el grito se escuchó nuevamente como si viajara en el espacio. Cuando la gente hacía la señal de la cruz cayó en medio de la fogata la cabeza de Camilo lanzando terribles gritos de agonía. Aquello fue lo más macabro de la noche... no quedó una sola alma en el velorio. Cuenta que al siguiente día, el cuerpo de la anciana y el de su hijo fueron encontrados sobre unos árboles frondosos muy cerca de la casa. Nadie sabe que sucedió, pero se afirma que cuando la cabeza de Camilo cayó sobre las llamas, un viento huracanado azotó el lugar. Desde entonces se conoce como EL GRITÓN al fantasma de Camilo. Durante muchos años se escuchaba el gritón desde el barrio Belén hasta el otro extremo de la ciudad capital. Las ancianas decían que aquel era un ejemplo que Dios había mandado para que los hijos malos dejaran de serlo y amaran y veneraran a sus padres. |
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| Mata de plátano |
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Mata de plátano
¿Qué vés... guey? Yunta (pareja) de bueyes descansando en finca cerca de aldea Los Gones, departamento Francisco Morazán. Estas bestias de trabajo son bien cotizadas en el interior del país, solo hay que apreciar su aspecto para saber que son bien cuidados. Por alguna razón no le agradaba a este espécimen, por suerte capte la imagen mientras estaba atado. A unos 45 kilómetros de la ciudad de Tegucigalpa existe una aldea llamada San Diego donde su principal cultivo es la mandarina, de casa en casa encuentra el visitante árboles del delicioso fruto, pero lo que distingue la mandarina de San Diego de la cultivada en otros lugares, es su agradable y dulce sabor. ¿Pero porque nadie conoce el verdadero nombre de la aldea y le llaman Mata de Plátano? Cuenta ancianos del lugar que ocurrió un hecho que un hecho que lleno de asombros a quienes visitan el lugar. Aconteció que, según la leyenda llego de quien sabe donde, un hombre que sabía artes mágicas y vivía en una montaña cercana cuando el sitio mencionado no estaba tan poblado como en la actualidad, lo visitaban muchas personas en busca de una cura para un supuesto encantamiento o un mal que le había hecho un amigo o un pariente, el hombre daba recetas muy acertadas pues conocía a la perfección las cualidades curativas de las plantas. Cuando bajaba de la montaña en su caballo acostumbraba bañarse en las aguas del río denominado “Juan Ladrón” nombre que se le puso porque en cada invierno su curso se robaba milpas, mandarinales, cafetales y todo lo que encontraba a su paso, hoy ya no es aquel río caudaloso que en cada invierno aterrorizaba a las gentes de San Diego, Quebrada Grande, El Tule y sus alrededores. El hombre que llamaremos Ramiro había escogido una poza especial para nadar tranquilamente sin ser molestado por curiosos, ahí pasaba largas horas, luego se vestía y cortaba plantas ubicadas cerca de la poza. Un día Ramiro se bañaba en las claras aguas de la poza llegaron unos hombres a importunarlo, comenzaron a burlarse de él y se llevaron sus ropas: “Hey brujo, si tenés poderes vení a quitarnos tus ropas, jajajaja”. Ramiro les contestó: “Esta poza es la bruja y aquí van a morir ahogados”. Ramiro salió desnudo de la poza, montó en su caballo y se fue para la montaña, los cuatro hombres que se burlaron de él y se llevaron sus ropas, se escondieron en el monte y vieron cuando él se fue hacia su casa de la montaña: “Lo jodimos, de ahora en adelante le vamos hacer la vida imposible para que se vaya de este lugar, pero antes nos vamos a dar un chapuzón, ¿qué les parece?”, uno de los burladores no quiso bañarse en la poza: “Ni pagado me baño ahí, ese viejo dijo que esa era una poza bruja y que ahí nos íbamos a ahogar”. Sus amigos se rieron de él: “Si querés andaté, nosotros tenemos años de bañarnos en la poza y ahí no hay nada”. Los tres hombres se desnudaron y como eran expertos nadadores se tiraban desde una piedra a las cristalinas aguas, el otro se quedó en la orilla mirándolos nadar, pero de pronto algo sucedió, del fondo de la poza comenzaron a salir unas enormes burbujas, hubo un temblor de tierra y los tres hombres fueron succionados por una fuerza extraña y desaparecieron en el fondo de la poza. El que estaba en la orilla salió corriendo espantado y al llegar al pueblo gritaba: “Se hundieron, se los tragó la poza bruja”, los vecinos escucharon el relato y fueron a la poza, varios hombres se lanzaron en busca de los cadáveres y no encontraron nada, solo sus ropas quedaron en la orilla de la famosa poza bruja. Hoy en día al llegar la semana santa llegan jóvenes de diferentes lugares a refrescarse en lo que años anteriores fue una profunda y hermosa poza, tan solo quedan aguas pocas profundas y el recuerdo de varias personas que perecieron en el lugar. Cuentan que Ramiro bajo de la montaña y se instaló en un terreno cercano a “La Bruja” y ahí atendía a las personas que lo buscaban para curar a las gentes que le habían hecho brujería. Un día le fue informada la situación a un sacerdote de la comunidad de Cedros: “Es un hombre endemoniado padre, sabe muchas cosas diabólicas y hasta a embrujar una poza donde han muerto varias personas, queremos que por su medio lo saquen de ese lugar”. El sacerdote informó a las autoridades y se nombró a un grupo de civiles y militares para que pudieran capturarlo vivo o muerto. Los hombres llegaron armado en busca del temido brujo y en compañía de los vecinos que conocían donde vivía, rodearon el sito, pero lo extraño es que no vieron casa alguna, “debe de estar escondido, se cuentan muchas cosas malas de él, mata a la gente con hechizos y se asegura que se convierte en animal, tenemos que acabar con el... esperen, allá es donde esta la casa, miren”. El grupo de hombres pudo ver con claridad una pequeña casa ubicada en una parte plana, el jefe les indico: -Váyanse ustedes por la derecha, ustedes por el centro y nosotros nos vamos por el lado izquierdo, cuando oigan el silbato cargan sus armas y caminan hacia la casa, ese brujo no escapará. |
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*WEB-ON*
Invitado
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| Era digital |
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Finding Trinity
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Gracias por el cumplido WEB-ON. Muchas de las imágenes son editadas, ya sea recorte, saturación de colores, rectificación luminosa, etc. Eso es lo bueno de la fotografía digital, se puede hacer maravillas con casi cualquier estampa. Hasta reproducciones se ha vuelto mas barato, uno escoge de antemano la estampa a duplicarse. Seguiremos esperando tus fotos de Honduras ¿cuándo estarás en el país? SAP |
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Ultima edición por SAP el Dom Oct 08, 2006 5:40 am, editado 1 vez _________________ . . . . - . - - . |
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| Cuentos y leyendas hondureñas por J. Montenegro, VOLUMEN I |
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