|
Finding The One "Neo"
| Registrado: 29 Abr 2006 |
| Mensajes: 4460 |
| Ubicación: New Jersey,USA |
|
 |
Publicado: Jue Feb 26, 2009 5:54 pm |
|
 |
 |
 |
 |
Conspirador sin fortuna
01-04-09
Juan Ramón Martínez
Presidente que resistió embestida de AVC.
Armando Velásquez Cerrato, nació en Tegucigalpa el 23 de noviembre de 1920. Era hijo de don Miguel Velásquez y de doña Mercedes Cerrato de Velásquez. Ingresó a las Fuerzas Armadas y estando en ellas, obtuvo los beneficios de una beca de estudios en México, donde destacó “por su conducta y por su aprovechamiento el teniente Armando Velásquez Cerrato, quien sigue cursos de Estado Mayor en la Escuela Superior de Guerra de México” (Historia documentada de las Fuerzas Armadas de Honduras, Ramón Rosa Izaguirre).
Graduado con honores regresó al país, a una institución en la cual, todavía, no había espacio para los cambios y la modernización. Era un ejército de jefes fieles al gobernante, sin mayor visión institucional, con escasa preparación profesional; y con un cuerpo de oficiales con pocas ambiciones personales, fuera de la oportunidad para vivir cómodamente, gozando de los beneficios del poder, a la sombra del titular del Ejecutivo. Para inicios del gobierno de Juan Manuel Gálvez, Velásquez Cerrato se incorpora al gobierno con el cargo de Jefe de Estado Mayor Presidencial. Fue desde entonces, un permanente acompañante del Presidente Gálvez, especialmente en las numerosas visitas que, por sorpresa realizaba a diversas comunidades del país en donde se ejecutaban proyectos de infraestructura especialmente. Concluido el gobierno de Gálvez Durón por la renuncia que, por inventados motivos de salud interpusiera ante el Congreso Nacional, Velásquez Cerrato continuo desempeñando las mismas funciones en el gobierno de Julio Lozano, pero con escasa cercanía con el nuevo gobernante. Este distanciamiento, posiblemente incubó en él, la idea que había que deshacerse de Lozano Díaz, para darle paso a un gobierno militar que, permitiera la modernización de las Fuerzas Armadas, que entre otras cosas debería redefinir su misión de tal forma que las consagrara a las tareas de guerra; y por consiguiente, obligándolas a alejarse de la función policial represiva y la política de sumisa protección del gobernante y al partido que lo respaldaba. Como es natural, estas ideas no tuvieron mayor cabida en el interior de las jóvenes Fuerzas Armadas de entonces. Tanto porque Velásquez Cerrato era un hombre de afuera, sin compañeros con los cuales formar grupo, sin entrenamiento en el mando de fuerzas; y sin suficiente olor a cuadra para conocer la psicología de los mandos inferiores de la institución que buscaba supervisar, modelar y modernizar.
En 1956, Julio Lozano, para entonces había descubierto que Velásquez Cerrato andaba en trajines conspirativos en su contra, lo envía a México como agregado militar de la embajada hondureña acreditada allá. Sin embargo, Velásquez Cerrato se las arregló, en esa época, para visitar Tegucigalpa con mucha frecuencia. Eso le permitió participar como estratega militar en la reconquista del Cuartel San Francisco que, un grupo de estudiantes y políticos se habían tomado con mucho éxito inicial en la madrugada del primero de agosto de 1956. El acto violento, buscaba la renuncia forzada de Lozano de su cargo de Jefe de Estado. Concluido el incidente en forma favorable al dictador en vista que los militares comprometidos no le brindaron el apoyo debido, Julio Lozano Díaz conmina a Armando Velásquez Cerrato a que regrese a su cargo en México. Utilizando una serie de excusas inventadas al vuelo, AVC logró quedarse unos días más en Tegucigalpa en donde hizo contactos con los oficiales que para entonces, también estaban descontentos con Lozano Díaz; y hablaban de la conveniencia de sustituirlo mediante un levantamiento militar generalizado. Pese a la información, que creía tener en su poder, Velásquez Cerrato no supo que había otra conspiración en curso, en la cual por voluntad de los involucrados, él no tenía cabida. Tanto porque su profesionalismo era una amenaza para ellos, como porque dotado de tantas ambiciones, querrá ser el jefe y convertirse en un nuevo dictador. Por ello es que, inmediatamente que parte de México, se aceleran los preparativos para destituir a Lozano Díaz. Para cuando la conspiración madura y revienta el 21 de octubre de 1956, Velásquez Cerrato es tomado pro sorpresa. Regresó a Tegucigalpa en forma precipitada, vía El Salvador. Una vez en Tegucigalpa, ofreció sus servicios a la nueva Junta Militar que sustituyó a Lozano Díaz y brevemente transmitió en los periódicos de entonces, la sensación que era una suerte de secretario y teórico militar del golpe. Este espejismo, pronto fue disipado, en vista que cuando se conocieron los primeros nombramientos militares, a Velásquez Cerrato los líderes de la Junta Militar, le ordenaron que regresara a México. Dejándolo sin participación y fuera totalmente del esquema militar del régimen.
En 1959, Velásquez Cerrato pone en marcha la conspiración y levantamiento armado más importante que se haya ejecutado en Honduras, después de los alzamientos militares de Gregorio Ferrera en 1931, durante el gobierno liberal de Vicente Mejía Colindres. •El 12 de julio de 1959, en horas de la madrugada, Velásquez Cerrato tomó por asalto la Policía Nacional, ocupó puestos secundarios en la capital y buscó la forma de tomarse la Presidencia de la República en donde el Presidente de la República, Ramón Villeda Morales, resiste con hidalguía, pundonor y carácter, el ataque armado por parte de las tropas de AVC. Aparentemente, además de las fuerzas militares que le acompañan, Velásquez Cerrato tenía algunas conversaciones adelantadas con Oswaldo López Arellano en virtud de las cuales, se agregaría al levantamiento si prosperaba la rebelión en contra de Villeda Morales. Sin embargo, el gobierno liberal, repuesto de la sorpresa, reaccionó con prontitud, respaldado en fuertes contingentes voluntarios que, con las armas en la mano, detuvieron el avance del movimiento sedicioso de AVC, obligándolo a asilarse en la embajada de Costa Rica. López Arellano, que nunca vio reales posibilidades de éxito en el levantamiento, echa marcha atrás. Y ante los reclamos de Villeda Morales para que enviara tropas a combatir y sofocar a AVC, se resistió bajo el argumento que en las condiciones en que estaba la confrontación, la presencia de las Fuerzas Armadas bajo su mando, podrían incitar a los liberales armados a luchar en su contra. Por ello es que los primeros soldados de las fuerzas bajo el mando de López Arellano ingresaron a la ciudad, cerca de las siete de la noche del 12 de julio, cuando todo había terminado. De este modo, como habían procedido los militares implicados en el levantamiento del Cuartel San Francisco en 1956, López Arellano reconquistó el afecto de Villeda Morales, no importándole quedar mal con AVC a quien le había ofrecido apoyo verbal para que su levantamiento militar tuviera éxito.
Después de este revés, AVC intentó un movimiento armado desde Nicaragua, contando con el apoyo de Anastasio Somoza Debayle. Este movimiento militar, más verbal que real y efectivo, pronto se diluyó. No habían para entonces, condiciones generales para la deposición de Villeda Morales a manos de un oficial poco querido en el interior de las Fuerzas Armadas. Y que además, no contaba con el respaldo total del principal partido de oposición. A partir de este fracaso AVC empieza su camino hacia el olvido, involucrándose algunos años después en las luchas políticas al lado del Partido Nacional. Bajo esta bandera logra llegar al Congreso Nacional, en donde pacta con el Presidente Roberto Suazo Córdova un respaldo suicida que lo desprestigia totalmente. Y le hace perder el respeto que gozaba en el interior del Partido Nacional. La última gestión pública la cumple en Roma, en donde por razones desconocidas, nunca llega a presentar sus cartas credenciales ante el gobierno italiano. Regresa a Honduras y se aísla totalmente de la actividad política y de los asuntos militares. Durante un tiempo reside en Valle de Angeles en una confortable casa de campo, junto a su esposa Marina Rodríguez.
El conspirador menor afortunado de Honduras, aunque es uno de los más ilustrados que se tenga memoria en la historia nacional, acaba de morir a los 88 años de edad en la ciudad de Tegucigalpa. El mismo día de su fallecimiento, fue enterrado en un cementerio de la localidad. Y desde entonces, un gran silencio ha cubierto su tumba, obscureciendo su figura e impidiéndole de este modo, que las nuevas generaciones de militares y políticos, tengan el conocimiento de la vida de un conspirador nato que, la única desgracia que enfrentó es que, pese a sus esfuerzos, nunca tuvo éxito en alcanzar sus objetivos. Le tocó lo que a los perdedores, sufrir el menosprecio de la historia y el rechazo de sus enemigos que, aunque digan lo contrario, nunca lo perdonaron. El, culto y civilizado –me consta porque hablé con él una oportunidad acompañado de Ramón Oquelí. Mario Sosa y otros amigos- murió sin rencores para nadie, ni siquiera en contra de López Arellano que, con sus vacilaciones e incapacidad para cumplir la palabra empeñada, le impidiera derribar a Ramón Villeda Morales en 1959. Ese baldón, se lo llevó Osvaldo López Arellano que en su momento, tendrá que rendirle cuentas a la historia por su crimen.
Tegucigalpa, diciembre 24 de 1908-
|