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JOSE JACINTO MILANES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
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JOSE JACINTO MILANES
(1814-1863)

“Pero ¡ay! Tu fuga ya me acredita
que ansias ser libre, pasión bendita
que aunque la lloro la apruebo yo.
¡Ay de mi tórtola, mi tortolita,
que al monte ha ido y allá se quedó!”
José Jacinto Milanés.


LA VOZ DE LA LOCURA DE AMOR

Contemporáneo de la Avellaneda, nacieron ambos en el mismo año, José Jacinto Milanés, que el instinto popular, en la misma Cuba, ha colocado como poeta en tan alto lugar que rivaliza con José María de Heredia, y, como consecuencia, con Gertrudis Gómez de Avellaneda. Un crítico antillano de verdadero talento y buen gusto, Aurelio Mitjans, ha escrito en su inacabada obra Historia de la literatura cubana: “Milanés había comprendido la necesidad de elevar sus cantos a una altura digna del arte a que consagraba sus esfuerzos... Fruto de esa tendencia a lo trascendental y filosófico fueron algunas de sus obras líricas, en las que vemos sobreponiéndose sus corazón noble y honrado a todo lo que encierra una injusticia social, una degradación del alma, una perversión del hombre o una miseria de la vida que reclama nuestra lástima”.

José Jacinto Milanés y Fuentes nació en Matanzas el 16 de agosto de 1814. Era el primogénito de una familia numerosa y pobre. Fue un autodidacta, pues, sólo estudió las primeras letras en la escuela de Ambrosio José González. Conocía a la perfección el italiano y el francés. Extremadamente culto, cuyas lecturas favoritas son, primero, Lope de Vega y Calderón, desde muchacho y luego los románticos franceses y Espronceda, Larra, etc. Desde muy joven escribe ensayos dramáticos y trabaja en Matanzas con su tío político, que le consiguió un puesto de trabajo en un escritorio de una ferretería de La Habana. De regreso a Matanza conoció a Domingo del Monte, gran erudito venezolano que sería su principal guía, educador y amigo. Su periodo de mayor actividad literaria está comprendido entre los años 1836 y 1843. Fue asiduo de las tertulias habaneras de Domingo del Monte. En 1837 publica en el Aguinaldo Habanero su famoso poema “La madrugada” y aparecen colaboraciones suyas en casi todas las revistas habaneras y matanceras. En 1838 estrena en el Teatro Tacón de la La Habana su drama romántico en tres actos y escrito en verso El Conde Alarcos, basado en el antiguo romance, que está considerado como lo mejor que escribió Milanés y que obtuvo un éxito ruidoso, espontáneo y más justo que todos los reparos que algunos críticos le han ido poniendo después. Este estreno le produjo su primera crisis nerviosa. Nunca quiso ver su obra en escena. En 1840 termina su obra teatral Un poeta en la Corte, que la censura le impidió publicar hasta 1846. También publicó un proverbio dramático en un acto A buen hambre no hay pan duro, cuyo protagonista es Cervantes, presentado en un ambiente familiar casero, lleno de modesta nobleza, de hidalguía menesterosa. Y no se trata más que un juguete, una verdadera improvisación “escrita en un día, sin levantar la pluma”, como nos dice Federico Milanés, el hermano del poeta, pero por eso mismo producto de un amor ingenuo y sincero. Obtuvo el cargo de secretario en la compañía del ferrocarril de Matanzas a Sabanillas, que hubo de abandonar en 1843, debido a su precaria salud , teniendo que recluirse en su casa, al cuidado de su hermana Carlota. Hacía diez años que se había comprometido matrimonialmente con Dolores Rodríguez Valera, pero rompió este compromiso al enamorarse de su prima Isabel Ximeno. Ante el desaire que sufrió por parte de la familia de ésta mostró los primeros síntomas del desequilibrio mental que padeció hasta su muerte. En mayo de 1846 viajó a los Estados Unidos, Londres y París, con la esperanza de recuperarse. Regresó en 1849, algo recuperado. En 1852 su enfermedad sufrió otra crisis y vivió en un mutismo absoluto hasta su muerte, ocurrida en Matanzas, el 14 de noviembre de 1863. A pesar de haber arrastrado su locura de amor durante veinte años, todos seguían llamando a José Jacinto Milanés, el gran poeta matancero.

Fue José Jacinto Milanés un personaje de temperamento ingenuo, extremada sensibilidad y de una gran cultura literaria, a quien se considera como introductor del romanticismo en la reina de las Antillas y una de las voces más sencillas y puras de la poesía cubana del periodo colonial. A una primera etapa del poeta, de delicadeza descriptiva o erótica (“El nido”, “La madrugada”, “La ilusión”), sigue otra influida por del Monte cuyas ideas sobre la poesía acepta en “El ebrio”, “La ramera”, “La cárcel”, “El hijo del rico”, para terminar retornando a la primera etapa donde su propio dolor personal, la melancolía suave que es lo peculiar de su lirismo, se expresa en “La fuga de la tórtola”, “Bajo el mango”, “El alba y la tarde”, “De codos en el puente”, etc. Milanés supone respecto a Heredia un paso adelante en el proceso del intimismo y del criollismo. Y como dijo el poeta: “Si ya no vuelves, ¿a quién confío / mi amor oculto, mi desvarío, / mis ilusiones que vierten miel, / cuando me quedo mirando al río, / y a la alta luna que brilla en él?”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

Paz, queramos paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
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